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Factor humano

| Martes 27 noviembre, 2007



Factor humano

German Retana
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La ley de la atracción
Lo semejante atrae lo semejante. Esta conocida frase, popularizada aún más con la publicación del libro “El Secreto”, cobra sentido al verificar el poder de nuestros pensamientos. Si se le acercan personas como usted, atraídas por su modo de pensar y actuar; su mente es entonces como un imán.
La tolerancia atrae lo diferente. No, no es una contradicción de la primera afirmación. El potencial de un equipo depende, precisamente, de la combinación de la diversidad de caracteres y talentos, pero sobre la misma prevalecen la semejanza de la identidad y los propósitos colectivos.
Los anhelos fuertemente compartidos se convierten en el pegamento de las voluntades individuales, en la brújula de todo esfuerzo y en el fundamento de las conductas. Si la convicción es ser campeón, toda la energía del equipo se enfoca en lograrlo y sus miembros se comportan con la única mentalidad de subir al podio de los triunfadores. Todo otro pensamiento es pasajero e inútil y ninguna adversidad les desvía de su camino y determinación.
Cuánto más grandes son los objetivos, más pequeños se ven los problemas u obstáculos que surgen sobre la marcha. Por supuesto, siempre existe la tentación de detenerse para reclamar injusticias o denunciar a quienes ponen en riesgo la meta del equipo. Una actitud inconveniente es obsesionarse con aquello que puede impedir alcanzar el éxito, porque es posible que se termine atrayéndolo aunque no se deseaba. “Si lo ves en tu mente, lo tendrás en tu mano”, dice Bob Proctor.
El jugador que cae en la trampa de la provocación de un rival, en la recriminación constante al árbitro, y pasa el partido tratando de ganar ese “pleito particular” pierde la perspectiva de cuál es el juego en disputa, ¿el propio o el del equipo? ¿Qué se gana ganando una discusión que atrae negativismo, ira, agresividad desmedida, desconcentración y espíritu de revancha personal? ¿Dónde queda el objetivo de ganar el partido? Como afirma Rhonda Byrne, es imposible sentirnos mal y tener pensamientos positivos al mismo tiempo.
Pensamientos semejantes atraen situaciones semejantes. Pensar en lo no deseado es una forma de acercarlo; criticar con insistencia lo malo en el equipo puede crear un efecto nefasto pues sus miembros podrían convencerse más de la presencia de esos factores que de los positivos.
Por eso, quienes dirigen equipos con negativismo no logran hacerlos crecer, ya que su mente es un imán y la conducta colectiva es una proyección de su mente. En cambio, los vencedores saben que “hay batallas que aun ganándolas uno pierde, y otras que aun perdiéndolas uno gana”; creen que pueden, creen en ellos mismos y por eso trabajan muy fuerte y crecen cada día. ¿Qué atrae tu mente?