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German Retana
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Wallace: conciencia en paz
El capitán de Liga Deportiva Alajuelense, Harold Wallace, no pudo controlar una pelota en el último minuto del partido; un jugador adversario aprovechó el incidente y anotó el gol que dejaba eliminada a la Liga de la final centroamericana del campeonato de clubes.
El se presentó de inmediato a la conferencia de prensa y con gran temple tomó inusitadamente el micrófono y dijo: “¡El único culpable acá se llama Harold Wallace, me jugó una mala pasada la cancha, solo quería decirles eso, que no desmerezcan el trabajo de los muchachos, fue muy buen esfuerzo. Se nos criticó en eso, pero hubo muy buena actitud, quiero pedir disculpas a los aficionados. Sé que algunos van a entender y otros no. Así es el fútbol... Solo quería decir eso”.
El gesto de Harold enseña qué significa rendir cuentas y ser parte de un equipo. Su intención en la desdichada jugada fue la correcta, pero la cancha estaba muy resbalosa, lo que produjo el desafortunado desenlace que, además, provocaba que su equipo cumpliría 14 partidos sin derrotar a su “archirival”, el Deportivo Saprissa. Sin embargo, Wallace no cayó en el vicio de los mediocres que endosan la culpa a otros o a las circunstancias por sus fracasos, como afirma Gracián Baltasar.
En un verdadero equipo lo errores individuales se disimulan. En el afán de proteger a sus compañeros, Wallace dio la cara y actuó como pararrayos; seguramente sus colegas jugadores no le habrán permitido disculparse ante ellos, pues son conscientes de que no existe culpa de algo que no se ocasionó deliberadamente. No obstante, el líder sabía que un grupo se convierte en equipo cuando sus miembros se rinden cuentas de sus actos y desempeños.
La palabra en inglés “accountability” no tiene una clara traducción al español y a modo de broma algunos dicen que de todas maneras no la ocupamos ya que no acostumbramos rendir cuentas de nuestros compromisos. Wallace no se escondió en el acostumbrado “¡Esa no es mi culpa!” Desde el momento en que fue protagonista en el partido tuvo, como sus compañeros, responsabilidad por el resultado, pero de allí a la culpa hay una gran distancia.
Esta actitud tan ejemplar no es inusual en Harold. El es muy alegre y hasta le dicen “rapero”, pero todos respetan su liderazgo porque cuando hay que hacer las cosas en serio es exigente y lo hace con su ejemplo. Su credibilidad le permite tanto rendir cuentas como exigirlas. Este caballero del fútbol, tres veces mundialista, demuestra que la responsabilidad es una virtud de quien puede sufrir el dolor de las derrotas sin perder la paz en su conciencia.

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