Pedro Oller

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Miércoles 26 Marzo, 2008

Fácil Asilo, Rápido y Cauto (FARC)

Pedro Oller

Partimos del beneficio de la duda. Sin embargo, hay 480 mil razones para estar preocupados. La conexión de las FARC con Costa Rica, por las razones que se pueden aducir ahora, han quedado más que demostradas y, la respuesta oficial está viniendo de Bogotá. Tenemos razones para estar preocupados.
Partimos de la excusa de que en la administración Figueres Olsen se constituyó un espacio de tregua para que las FARC campearan en nuestro territorio so pretexto de amnistía, de tregua, reconciliación, paz y quién sabe qué más eufemismos que no existen en su vocabulario. De eso, hace ya diez años o un poco más. Los responsables del asilo siguen sin dar la cara, ante las preguntas evidentes que depara el hallazgo por unos dólares demás del vínculo estrecho entre San José y Raúl Reyes padrino de la mafia guerrillera.
Quienes custodiaban el botín hoy arguyen ignorancia. La misma que en derecho no era excusa ni pretexto, pero que al amparo del No Sé y No Me Acuerdo, se perpetuaron cual estribillo jurídico de válida argumentación desde aquel gobierno.
Difícil pensar en recibir una caja de seguridad cuyo contenido, por el giro de quienes la enviaban y así reconocido incluso por los depositarios, podría a falta de dinero añejo contener droga o explosivos. Por ahí que las conexiones de confianza que vienen en forma de denuncia por parte del Gobierno colombiano no solo resultan atinadas, sino más bien de prudente consideración.
¿Qué hacer? Está claro que la respuesta no está en el recurso empleado por el Ministro de Gobernación (¿y Policía?) de denunciar conexiones políticas y después esconderse. Tampoco por parte del Gobierno que, ante el paso al frente del único político dispuesto a quemarse (Rolando Araya) ha optado por el silencio antes que arder. De igual forma el PAC, indirectamente vinculado por la beligerante pertenencia de doña Cruz Prado, hoy en entredicho por 480 mil circunstancias.
Hizo bien —y no para que me reconozcan que no solo le señalo fallas— el Fiscal General al exigir que este, el señor Ministro, acompañara las insinuaciones de formal acusación, pruebas y demás consideraciones a fin de proceder de inmediato. Pero eso no sucedió.
Entonces, de volver a preguntarse ¿qué hacer?
Partamos de lo más perverso pero a la vez, de lo más efectivo por su publicidad: Habría la Asamblea Legislativa de ocuparse de su función, que no corresponde únicamente al TLC, para abrir los espacios necesarios a fin de llegar al fondo del asunto.
En principio, el ministro Berrocal debería apersonarse a rendir cuentas y explicar su inexplicado dicho. En complemento, por más que me arrepienta, la Asamblea Legislativa debe constituir también y a la brevedad, una comisión investigadora multipartidaria que, a la usanza de la primera Comisión de Narcotráfico, pierda el temor inherente a su función y responda a las obligaciones propias que el pueblo le ha encomendado.
Mientras tanto, y ante la pasividad gubernamental y parlamentaria habremos de seguir muy de cerca las gestiones que día a día se llevan en Colombia en torno al caso. Maravillosamente meticuloso el bombardeo que deparó la muerte de Raúl Reyes, incurriendo en territorio ecuatoriano y desencadenando un incidente internacional, pero que dejó intacta la información que le vincula con nuestro país. De esperar que con las revelaciones que se produzcan al Sur, el Fiscal General al menos pueda seguir en su iniciativa persecutoria. Incluso, si don Fernando sigue sin darle nombres como ya públicamente le han reclamado.