Exportaciones son menos de lo que nos contaron
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Las exportaciones costarricenses fueron, en los últimos años, considerablemente menores a lo que se creía y gran parte de ello se relaciona con las operaciones de Intel.
Las exportaciones de bienes, que entre 2012 y 2014 sumaron $34,3 mil millones fueron en realidad, de $27,1 mil millones, lo que da una diferencia de $7,2 mil millones.
Una parte de la diferencia “volvió” a modo de servicios, por lo que el efecto neto fue una sobreestimación en $5 mil millones.
Una metodología imprecisa, vigente desde 1993, impedía determinar si los productos modificados en Costa Rica para ensamblaje posterior en otro país eran ventas de bienes o un servicio de transformación.
El descubrimiento surge a partir del cambio de metodología con que el Banco Central analiza las cifras del comercio exterior.
Los datos podrían ser mayores, al tener en cuenta que los cambios metodológicos aún no se han actualizado para años anteriores a 2012.


¿Cómo es esto?
Algunas empresas ingresan un producto desde su casa matriz o compañías hermanas, le realizan cambios y luego lo devuelven para su posterior venta.
Hasta el año pasado, la metodología permitía diferenciar estas operaciones de una compra o una venta al extranjero, por lo que ambos tipos de operación se registraban como una importación o una exportación.
A partir de este año, al depurar las operaciones de exportación e importación, se contabiliza solo el servicio brindado en Costa Rica, con el que se modifican los bienes ingresados desde la casa matriz.
De esta manera, los ingresos de Costa Rica son menores a lo que se afirmaba, ya que el servicio brindado es solo una parte del total de los bienes devueltos.
Este tipo de operación es la que realizó Intel hasta abril de 2014.

El caso Intel
Hasta la salida de la planta de manufactura del gigante tecnológico, se registraba que la compañía importaba componentes electrónicos como insumos, y luego exportaba un bien final, generando la idea de que en Costa Rica se producían microprocesadores.
Hoy, gracias a la nueva metodología, se sabe que la mayoría de esas ventas eran la devolución de bienes que habían ingresado previamente, pero con modificaciones realizadas en el país.
De esta manera, el valor agregado en Costa Rica era el denominado “servicio de transformación”, y es el que debería haberse contabilizado originalmente.
Es decir, Costa Rica no vendía un bien final, lo enviaba a otro país donde podian añadírsele más cambios, o no, y luego se realizaba la venta.
El efecto final eran exportaciones sobre estimadas y servicios subestimados, con una mayor incidencia en las exportaciones.
A partir de 2015, este efecto disminuyó hasta casi ser invisible, coincidiendo con la salida de Intel.
Las importaciones también se vieron afectadas, por lo que su contabilidad también resultó sobreestimada.

Cifras sobredimensionadas
En 2014, las exportaciones de bienes durante el año fueron de $11,4 mil millones, según reportes de Procomer.
Sin embargo, las ventas fueron en realidad de $8,9 mil millones.
Los $2,5 mil millones de diferencia corresponden a los bienes que se devolvieron al extranjero.
En el país quedaron, solamente, unos $700 millones, que son el pago por los servicios realizados en Costa Rica.

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Colaboró Raquel Rodríguez


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