Evasión fiscal y contrabando deben acabar
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La evasión fiscal y tributaria es un problema presente en países desarrollados o en vías de desarrollo. Es un cáncer que se debería haber extirpado para evitar la cadena de metástasis que genera, que llega a postrar a una nación y provoca un comprensible enojo y desconfianza


Evasión fiscal y contrabando deben acabar

La evasión fiscal y el contrabando son enfermedades crónicas que impiden —en cualquier país del mundo en donde estén presentes— avanzar y desarrollarse adecuadamente.
La evasión fiscal y tributaria es un problema presente en países desarrollados o en vías de desarrollo.


Es un cáncer que se debería haber atendido en este país para evitar la cadena de metástasis que genera y que llega a postrar a una nación y generar un comprensible enojo y desconfianza.
Pero muy lamentablemente los gobiernos han venido evadiendo esa responsabilidad.
¿Incapacidad? ¿Falta de voluntad?
Lo cierto es que esta clase de “evasión” también es muy grave y Costa Rica viene padeciéndola desde hace décadas.
Si a eso le sumamos la mala gestión y el mal uso de los fondos públicos —que también venimos padeciendo— se comprende por qué en un país sin ejército (en el cual se gastarían enormes sumas de dinero) hemos llegado a tener el actual déficit fiscal y el rezago en infraestructura y en otros rubros que tenemos, aunque se hagan esfuerzos por atribuir estos males a fenómenos externos únicamente.
Finalmente, temas tan grandes y graves como la evasión fiscal y tributaria que impiden el buen desarrollo del país, van quedando sin solución porque la avalancha de otros asuntos acapara la atención de gobierno y ciudadanos.
Pero si dejamos que siga vivo ese cáncer, no tendremos la solución a muchos de los agobiantes problemas nacionales, que bien podrían solucionarse.
Es indispensable ser realistas y comprender que los gobiernos no han trabajado para crear una verdadera conciencia tributaria individual y colectiva.
No hemos creado esa cultura en Costa Rica, sino todo lo contrario.
Y quienes sí la tienen, se indignan con toda razón ante la competencia desleal que sufren y ante la injusticia.
Las empresas y personas honestas, que cumplen con el pago de sus contribuciones tienen derecho a poder interactuar en un país con mejores condiciones.
Por otro lado, recaudar bien no es suficiente. Se debe utilizar esa recaudación como instrumento de desarrollo.
Pero no podemos hacer lo segundo sin haber hecho lo primero.
Contamos con la institucionalidad necesaria para ejercer el control sobre la evasión y el contrabando. El sector productivo que sí contribuye en este país, está a la espera de las medidas que produzcan justicia en ese sentido.
 


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