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La tarea es gigante y enorme la turbulencia, pero debemos encontrar el rumbo dentro de ella y aprender a gestionar en estas condiciones
Europa en crisis

Pareciera que se profundizan los problemas financieros, políticos y monetarios en la Unión Europea.
No sin preocupación se escucha que la agencia estadounidense de calificación de riesgo Standard & Poor’s (S&P) anunciará que Alemania, Francia, Holanda, Austria, Finlandia y Luxemburgo tienen un 50% de posibilidades de que el “rating” de su deuda sea rebajado en los próximos 90 días, como resultado de la crisis que sacude a la zona euro.
Lo dijo la agencia EFE de acuerdo con información del Financial Times. Lo tememos quienes, desde América, observamos el desenvolvimiento actual de la Unión Europea, que no ha podido parar la ola de desequilibrios que afectan negativamente a la economía de sus países.
Mientras el presagio de la recesión nos llega, los países de la América Latina luchan por soportar el aguacero bajo el paraguas, en algunos casos, de la exportación de materias primas en abundante demanda por parte de economías emergentes que mejoran la calidad de vida de sus habitantes.
Sin embargo, esto no debe engañarnos, debemos pasar de eso a tomar en serio la necesidad de apuntar al desarrollo mediante una industria innovadora, es decir, apostar todo a la adecuada educación y a unir estrechamente el conocimiento y creatividad que emana de las universidades y colegios técnicos con la experiencia y las necesidades de las empresas.
Una tarea que suena fácil en palabras pero que no lo es en la práctica, especialmente si se toma en cuenta que no han sido nuestros países los que han originado la actual crisis financiera y económica, sino las grandes potencias a las cuales seguimos, generalmente, y las que nos han marcado el rumbo.
En Costa Rica, nuestra dependencia de las economías estadounidense y europea nos pasa la factura y se suma a otros diferentes problemas locales y regionales.
El flagelo del narcotráfico, por ejemplo, que no hemos generado ni en uno ni en otro extremo de su accionar (producción y consumo), nos causa gran daño hoy solo por ser zona de tránsito y por su característica de violencia.
La creciente desigualdad, nunca antes tan profunda en Latinoamérica, instaura más desequilibrio cada día a una zona necesitada, por el contrario, de proporción y armonía para dedicar todos sus esfuerzos a educarse y producir.
La tarea es gigante y enorme la turbulencia, pero debemos encontrar el rumbo dentro de ella y aprender a gestionar en estas condiciones.
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