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Etica, consenso y gobernabilidad

Arnoldo Mora [email protected] | Viernes 04 junio, 2010




La razón por la que se dio ese universal repudio (al alza salarial de los diputados) es de carácter ético, ya que el pueblo consideró que era inmoral legislar en beneficio propio

Etica, consenso y gobernabilidad

Las recientes jornadas patrióticas que acabamos de vivir los costarricenses al expresar nuestro repudio, en forma prácticamente unánime, al intento de recetarse un aumento de salario por parte de la mayoría de los diputados, tienen como antecedente en nuestra historia política reciente el llamado “combo del ICE” y, más recientemente, el referéndum en torno a la aceptación o rechazo del TLC con Estados Unidos. En estas ocasiones, nuestro pueblo dio una lección de civismo al mundo entero, demostrando con ello que la democracia es algo más que un ritual electoral. Es, ante todo, la fuerza viva y la voluntad soberana de un pueblo que decide asumir los destinos históricos en sus manos ante sí y ante el mundo. Pero hasta aquí llega la similitud. Porque hay una diferencia abismal entre los dos acontecimientos considerados antecedentes y el que acaba de vivir hermosamente Costa Rica entera. En los dos primeros casos, el resultado fue que el país se mostró dividido, quedó fragmentado; porque los gobernantes alegaron que “Costa Rica era ingobernable”.
Cosa que venía siendo atribuida al exceso de leyes y normas.
El universal repudio al pretendido y fallido aumento de los diputados mostró que los costarricenses están dispuestos a lograr el ansiado consenso, incluso la unanimidad pero en torno a valores, inspirados en luchas cívicas en pro de una convivencia ciudadana fundada en virtudes cívicas. La razón por la que se dio ese universal repudio es de carácter ético, ya que el pueblo consideró que era inmoral legislar en beneficio propio. A pesar de haberlo entendido y asumido tan solo a última hora, la Presidenta recurrió a ese mismo argumento para amenazar con el veto si la mayoría de los diputados aprobaba el repudiado aumento. Ese no fue el argumento que la mandataria dio en un primer momento y con ello tomar distancia de la pretendida ley. Ella dio razones puramente fiscales, sacando a relucir el fantasma por desgracia muy real del déficit que heredó cual fatídica hipoteca, del régimen de los Arias, a pesar de que había estado de acuerdo en que los diputados dieran trámite rápido a dicha medida, según han dicho los jefes de fracción del Movimiento Libertario y de la Unidad Social Cristiana.
Al dar como razón última y definitiva los aspectos éticos, si bien no referidos a los diputados sino a su futura condición de ex presidenta, es decir, refiriéndose a su persona y no queriendo, con habilidad política, aludir a otras personas, doña Laura logró por fin sintonizar con el sentir masivo de sus conciudadanos. Con ello, inconscientemente, estaba abriendo un camino hacia el ansiado consenso y como base de la gobernabilidad de este país.
Como estamos en los primeros días de este gobierno, lo acaecido debe servirnos de lección en el sentido de que debemos ver en lo vivido la expresa voluntad de un pueblo, que no está dispuesto a aceptar un consenso de cúpulas sino desde las bases ciudadanas como muestra de una democracia viva y real.
Pero lo más importante es que el pueblo mostró que el único consenso que está dispuesto a admitir es aquel que se basa en la ética, como José Miguel Corrales y Ottón Solís lo vienen proclamando desde hace años. Tal es el mensaje principal que los políticos deben dar a los conciudadanos si quieren obtener su consenso para ser gobernados.
El pueblo costarricense ha mostrado a los nuevos gobernantes que el único programa de gobierno que acepta es aquel que se basa en el apego a los principios éticos. Por eso, desde ya nuestra clase política debe iniciar un proceso de depuración de las instituciones y de transparencia para esclarecer y sentar responsabilidades en torno a los múltiples escándalos de corrupción que se han denunciado en el gobierno anterior.
Si el nuevo gobierno quiere forjar un consenso no solo formal sino político y real debe apoyar a las instancias legales correspondientes para desterrar la corrupción y llevar a los tribunales a los que resulten responsables .

Arnoldo Mora

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