Bruno Stagno

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Lunes 16 Agosto, 2010

Parlatica
Etal Meshasi (Abel Pacheco)

A mediados del siglo XIX, Centroamérica se desangraba en guerras constantes entre diversos minicaudillos que defendían sus cacicazgos fusil y machete en mano.
No exagero al decir que no hubo un día de paz en nuestro istmo bello y sufrido.
Entre estos guerreros que a veces aún lucían lanza en ristre, destacó un nicaragüense de apellido Malespín, señor de horca y cuchillo, que con su tropa descalza o mal caiteada penetraba los pueblos para saquear y violar, dejando una huella de ruina, dolor y quema por donde pasaba.
Se autonombró general y, para comunicarse con la oficialidad de su tropa sin que nadie más lo entendiera, inventó un “idioma”.
Bueno, no era tal idioma, lo que hacía era cambiar algunas letras por otras. Por ejemplo, cambiaba la A por E, la I por O, la P por M, y así sucesivamente dando como resultado que él, General Malespín, acabara llamándose Ganarel Pelasmón, o bien “La República” se hubiera conocido con el nombre de ”Le Ramutlose”.
Cuando el bárbaro murió y se dispersó su tropa, por alguna razón sobrevivió su jerga y trascendió más allá de la geografía nicaragüense.
Yo recuerdo a mi abuelita comunicándose en malespín con sus hermanas, cuando no quería que los güilas entendiéramos una conversación.
La costumbre fue desapareciendo, si bien como veremos persistieron algunos vocablos en Costa Rica, y al menos por un tiempo persistió entre raterillos y otros delincuentes para que la policía no entendiera sus conversaciones.
Hoy, transcurrido más de un siglo y por si usted no lo sabe, cuando decimos “tuanis” estamos diciendo bueno y cuando decimos “pelis” estamos diciendo malo en excelente habla malespínica, aunque, por razones que ignoro en ambos casos agregamos una ese final a ambas palabras.
Desaparecieron las tropas caiteras, las lanzas y la pintoresca jerga.
No así la violencia. La crueldad de las maras actuales, los descuartizamientos y decapitaciones de los narcos, la esclavitud a la que algunos personajes someten a niños y mujeres y demás usos y costumbres actuales y cotidianos, pondrían al mismo General Malespín a implorarle al Señor clemencia.
¡Dois nis mribaje!, es decir, ¡Dios nos proteja!