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Con Sumo
¿Estresado?...¡cante!


¿Quién no ha cantado alguna vez bajo la ducha? Quizás usted también lo hizo pero sin pensar en que estaba agregando salud a su organismo, relajándose, reenergizándose y generando endorfinas. Entre los refranes populares, que tanta sabiduría encierran, hay uno que dice “el que canta su mal espanta”.
Cantar debería ser recetado por el médico, afirma la doctora Gertraud Berka-Schmid, también psicoterapeuta y profesora de la Universidad de Música y Arte de Viena. Ella dice que al cantar se produce una respiración estructurada, profunda y abdominal, que se convierte en un masaje para el intestino y en un alivio para el corazón, favoreciéndose la circulación sanguínea y mejorándose la concentración y la memoria.
Y basta con recordar que el canto siempre ha sido utilizado para bajar el estrés en ciertas circunstancias. Las civilizaciones primitivas cantaban en los entierros para alejar el dolor. Las madres cantan a los bebés para que se relajen y duerman. ¿Qué tal si probáramos cantar durante las horas y horas que perdemos de nuestras vidas mientras manejamos rumbo a casa al salir del trabajo, de presa en presa?
Aunque los efectos benéficos de cantar apenas se están estudiando, lo mejor es ya poner en práctica ese recurso para relajarnos y sentirnos bien. Afortunadamente tenemos en la garganta un maravilloso instrumento musical, aunque unos estén más afinados que otros. Ahora que la moda es volver al consumo de lo natural….¿qué más natural que cantar?... Pruebe, creo que no se arrepentirá.

Carmen Juncos
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