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¡Estamos listos!
¿Por qué un equipo espera en la cancha a su competidor con entusiasmo para iniciar el partido mientras que el otro tarda en salir del camerino, donde sigue deliberando sus dudas? Uno está listo y el otro no. ¿A quién teme el segundo? ¡A sí mismo!
Si usted le pide a una persona que le pague mil colones que le prestó y ella sonríe, ¿qué le indica eso? Significa que tiene más mil colones y que no tiene temor en recibir la presión de su cobro. De lo contrario, el nerviosismo o la duda de si puede pagar, le delatarán y surgirá la tensión. Eso mismo ocurre cuando las exigencias externas son mayores a nuestra capacidad de respuesta.
Cuando a esas presiones se agregan debilidades internas, la ecuación se complica. Eso le sucede a un equipo sobrepasado por los requerimientos del entorno y plagado de divisiones internas. Si no reacciona con inteligencia para fortalecerse, cavará su propia tumba.
Quienes no pueden responder a niveles más altos de desempeño evaden los retos y aniquilan de su cercanía a aquellos que exigen superación. La líder espiritual, Dadi Janki, dice: “Los que tienen miedo de los demás se temen a sí mismos y se ponen nerviosos. No poseen fuerza interior”. Ellos no desean salir de la vieja trinchera y jamás sonríen ante las presiones, pues “no tienen con qué pagar”. Dichosamente, también están los sensatos que evalúan sus talentos, agregan discernimiento para hacerlos crecer, se despojan de cargas mentales innecesarias y se alejan de la zona del “miedo a sentir miedo”. Estos caminan enérgicos hacia el alto rendimiento y lo hacen con autoestima, convicción y con el disfrute de jugar contra competidores que obligan a mejorar.
Esa forma de actuar positivamente no consiste en llenar la mente con frases “motivadoras” ni con discursos ajenos para creer en nosotros. Nadie motiva a nadie. La fuerza interior depende de quien la posee y trabaja para desarrollarla, sin endosar a otros la responsabilidad de proveernos de una energía que nos corresponde a nosotros generar.
Los fuertes de voluntad no se amilanan ante “cobros” con mala intención. “Si alguien dice algo negativo y dejo que penetre en mí y me quite mi propia felicidad, esa es mi debilidad,” afirma Janki. La tarea de un equipo es crecer tanto en su fortaleza interior y capacidades que, cuando las circunstancias externas les hagan requerimientos, alguien les pregunte por qué sonríen y la respuesta sea: ¡Porque estamos preparados, estamos listos!

German Retana
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