Estallidos anunciados
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Sectores de la economía y la sociedad comienzan a estallar en manifestaciones que este medio veía venir desde julio, por situaciones desatendidas o pospuestas desde hace varios años

Estallidos anunciados

Como evidencia de una indignación general anunciada, diferentes sectores de la economía y la sociedad comienzan a estallar en manifestaciones que, en su mayoría, utilizan las calles como único espacio a su alcance.
Este medio anunció la posibilidad de una reacción semejante cuando desde el 1° de julio de este año decíamos en una nota que hace referencia al país como “una olla a presión”, que “las decisiones de la presidenta Laura Chinchilla, o bien sus inacciones, mantienen agitados a varios sectores económicos y sociales, los cuales amenazan con salir a las calles como protesta, o bien decretar paro a sus funciones”.

En algunos casos el fuerte descontento se presenta al no cumplirse anteriores acuerdos entre trabajadores de alguna institución y el gobierno o las instituciones del Estado.
Lo anterior significa que comparten responsabilidades quienes firmaron dichos acuerdos en administraciones anteriores y el actual gobierno que los ha ignorado en vez de atenderlos a tiempo para rectificar en lo que corresponda. Este es el caso de los anestesistas de la Caja, o los trabajadores de Japdeva, por ejemplo.
Pero otros grupos también vienen arrastrando viejos problemas no atendidos oportunamente y que hoy estallan como la grave situación del sector agrario, algo que se veía venir por no haberlo preparado para enfrentar la apertura. Así mismo, el histórico enfrentamiento entre taxistas y los llamados “piratas”.
Por otra parte, se suman los problemas que sufre en general el sector productivo por las carencias en infraestructura vial y por la incapacidad de los gobiernos para manejar bien los procesos de concesiones tanto en esta área como en aeropuertos y puertos.
Ni hablar de los asegurados que, como es lógico, están levantando presión dentro de la “olla” al ver progresar sus enfermedades mientras solo se les receta hacer cola en larguísimas listas de espera.
Si a todo esto se le suma la presión ejercida por un mundo en seria y prolongada crisis económica, está claro que no solo hay que apagar variados incendios, sino enmendar los yerros firmados en antiguas convenciones colectivas de trabajo y en resumen, caminar por el peor sendero a falta de una vía amplia, clara y bien diseñada como sería tener un plan país de consenso nacional.

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