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¿Las restricciones impuestas por el gobierno están frenado la economía de Estados Unidos? En cierta forma, sí: el gobierno federal está provocando un gran daño al no emitir una deuda suficiente.
Estados Unidos genera más ingresos que cualquier otro país, y lo seguirá haciendo durante muchos años.
El gobierno federal puede generar una gran cantidad de ingresos al poner un impuesto a estas entradas de dinero –un poder que lo pone en una posición única para emitir un tipo de bonos extremadamente seguro, que hoy tiene una gran demanda entre los inversores del mundo.
¿Cómo está ejerciendo este poder el gobierno de Estados Unidos? Lo está haciendo mal. El rendimiento de un bono del Tesoro a 20 años protegido contra la inflación está en un poco más del 0,5%, lo que se traduce en casi dos puntos porcentuales menos de lo que estaba hace diez años.
Esto significa que el precio está cerca de máximos históricos, lo que sugiere que la oferta del gobierno de Estados Unidos para tales inversiones seguras se está quedando corta en relación a la demanda. Con otras palabras, el mundo necesita desesperadamente esa seguridad financiera.
Para algunos, la idea de que el gobierno de Estados Unidos no está emitiendo suficiente deuda podría parecer contraria a la intuición – después de todo, la deuda federal en circulación ha aumentado a más del doble en los últimos diez años–.
Sin embargo, la escasez no es solo de la oferta. A raíz de la crisis financiera, los hogares y las empresas están exigiendo activos más seguros para poder protegerse contra caídas repentinas. Del mismo modo, los entes reguladores están solicitando a los bancos que mantengan activos más seguros. Los precios de mercado nos dicen que el gobierno necesita producir una mayor seguridad con el fin de satisfacer la creciente demanda.
La escasez de seguridad crea penurias para la gente y las empresas. Los retirados no logran rendimientos adecuados para sus ahorros. Los bancos no pueden ganar lo suficiente con inversiones seguras a largo plazo para cubrir los costos de atraer depósitos (las tasas de interés sobre ellos no pueden caer mucho más debajo de cero).
La economía más amplia también sufre. La falta de inversiones seguras deja a muchos hogares y empresas con una incertidumbre en relación a sus perspectivas futuras, y por lo tanto no están dispuestos a gastar.
Como resultado, la Fed y otros bancos deben mantener muy bajas las tasas de interés a corto plazo con el fin de generar una demanda suficiente que les permita cumplir con sus objetivos de empleo e inflación.
En este caso, los bancos centrales se enfrentan a otra limitación generada por el gobierno: no pueden permitir que las tasas de interés caigan en un territorio negativo muy profundo, por temor a que la gente saque su dinero de los bancos con el fin de obtener la tasa de interés cero que se paga a través de la moneda que emite el gobierno.La inadecuada provisión de activos seguros tiene también profundas consecuencias para la estabilidad financiera. Sin suficientes bonos del Tesoro en circulación, los inversores buscan rendimientos comprando títulos aparentemente seguros del sector privado (¿se acuerda de todas esas inversiones hipotecarias “subprime” calificadas con triple A en los años 2000?). Si tal comportamiento se generaliza, puede crear riesgos sistémicos que inclinen el sistema financiero hacia una crisis.
Desde un punto de vista estrictamente económico, la política del gobierno da la sensación de ser completamente artificial. Ninguna entidad privada se comportaría de esta forma. Imagine una corporación con un gran flujo de efectivo seguro y con unos costos de endeudamiento tan bajos. Emitiría deuda para financiar expansiones o los pagos a sus accionistas.
De manera análoga, el gobierno de Estados Unidos debería emitir más deuda y usar los ingresos para invertir en infraestructura, reducir impuestos o ambas cosas. En cambio, las fuerzas políticas han impuesto limitaciones artificiales a la deuda, limitaciones que castigan a los ahorristas, sofocan el crecimiento económico y podrían sembrar las semillas de la próxima crisis.

 

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