Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 23 Julio, 2010


¿Estado de Derecho?


Todo parece indicar si, como dice nuestro pueblo,”por la víspera se saca el día”, que durante el gobierno de la primera mujer en la historia de nuestro país, la crisis heredada del ariato, propende a agudizarse en todos los campos. Claras manifestaciones de esta son ya las constantes confrontaciones que se dan en diversos frentes. Primero fue en el ámbito estrictamente político al amenazar doña Laura con vetar una posible aprobación en el Parlamento de un aumento salarial que pretendían recetarse los diputados oficialistas, sus aliados libertarios junto con dos predicadores metidos ahora a políticos.
La tormenta política que este rechazo presidencial provocó entre el Ejecutivo y la mayoría de los miembros del Legislativo repercutió en las tiendas mismas del partido oficial, ya que esa fue la causa (¿o excusa?) del dueño de esa agrupación y hermano menor del presidente saliente, que lo llevó a un choque frontal con la Presidenta.
Pasado ese escándalo, al menos abiertamente, ha venido ocupando los espacios de los medios de comunicación la crisis social como expresión de la conflictividad que se vive en ese campo. Los grupos ecológicos han venido protestando con encomiable firmeza y patriotismo, frente a las pretensiones de una trasnacional canadiense de destruir la mayor riqueza de este país y de la cual vive buena parte de la industria turística, como es la biodiversidad en la Región Norte. Quienes defienden a trasnacionales de esa clase, hacen oídos sordos al clamor planetario de condena por causa de la catástrofe en el Golfo de México y que ha sido el tema central de la cumbre de los mandatarios de Estados Unidos y del Reino Unido recientemente. Por su parte, las universidades públicas se han enfrentado al gobierno porque consideran risible el aumento que este les propone como financiamiento para el próximo quinquenio.
Más recientemente han sido los profesores de colegios y grupos de estudiantes los que exigen mínimas condiciones de seguridad para poder cumplir sus funciones en algunos centros de enseñanza media, donde la violencia se ha vuelto endémica y amenaza con perpetrar nuevas tragedias, como la ya sucedida en una institución privada.
Por lo demás, no hay que olvidar que el enfrentamiento entre porteadores y taxistas regulares por el momento se ha calmado, pero la amenaza sigue latente y puede estallar en cualquier momento.
La violencia criminal de bandas juveniles y grupos de narcotraficantes, lo mismo que el hampa común, siguen siendo un cáncer que carcome todos los estratos de la sociedad, por lo que cada vez más grupos comunales y de barrios se organizan para exigir al gobierno mayor seguridad.
Pero lo que considero novedoso y sobre lo cual no se ha hecho una reflexión más honda, es la crisis institucional que está llevando a la destrucción del Estado de Derecho. Desde Locke y Montesquieu, es decir, desde los inicios de las revoluciones liberales que han puesto las bases de lo que hoy entendemos por “régimen democrático”, se considera que la división de poderes es la base de una especie de autocontrol del propio Estado.
Tal función es una conditio sine qua non para preservar los derechos fundamentales de los ciudadanos y evitar lo que Hobbes definía el retorno a la barbarie como “la guerra de todos contra todos”.
Cuando en una sociedad dada el Estado no cumple con esta su razón de ser, decimos que el Estado de Derecho ha colapsado. Me pregunto con angustia si el enfrentamiento entre los diputados y la Sala Constitucional no sea un signo preocupante en ese sentido. Los diputados, en forma prácticamente unánime, han protestado e, incluso, amenazan con reformar la Sala IV, por lo que consideran una injerencia en lo que constitucionalmente constituye una potestad exclusiva suya.
Todo lo que acabo de enumerar tan someramente no es más que una pequeña muestra del deterioro del Estado de Derecho que sufre nuestro país, pues ni los mismos jerarcas de los tres poderes se ponen de acuerdo sobre el alcance y los límites de sus potestades constitucionales. ¿No es esto una muestra de que ya se ha roto el consenso básico en que se funda la convivencia política de una nación?

Arnoldo Mora