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Martes, 23 de julio de 2019



COLUMNISTAS


Especulación, “la mano invisible”

Alejandra Esquivel [email protected] | Jueves 29 noviembre, 2018


El jueves anterior con la publicación del Informe mensual (a noviembre 2018) de Coyuntura Económica por parte del Banco Central de Costa Rica (BCCR), en el que se dan a conocer estadísticas de producción; empleo; salarios; comercio exterior; indicadores de las finanzas públicas; cuentas monetarias y financieras; mercado cambiario; precios; indicadores de la economía internacional; se confirma el efecto negativo que sobre la actividad económica costarricense tienen factores como la ausencia de una definición clara al problema estructural de la situación fiscal que aqueja al país; así como movimientos coyunturales relacionados, representados por huelgas; especulación sobre la estabilidad financiera del país; percepción de Costa Rica y de nuestros “bonos” a nivel internacional; capacidad de las finanzas públicas para sostener las obligaciones internas y externas; impacto de estos eventos sobre el crecimiento/desarrollo económico; indicadores monetarios; cambiarios; sociales, entre otros.

Particularmente en el tema cambiario, difiero de quienes estiman que un tipo de cambio inestable pudiera ser sano en la coyuntura actual del país: un año con mucha presión de los requerimientos/demanda de dólares del sector público no bancario; proceso de aprobación de reforma fiscal; mercado de derivados incipiente; definiciones escuetas de qué entender por “volatilidades excesivas” para justificar las intervenciones del BCCR en el mercado cambiario. Es probable, sí, que un aumento en la volatilidad del tipo de cambio contribuya a desdolarizar la economía (aunque los deudores en dólares siempre van a procurar que sus bienes y servicios se transen a su vez en dólares para mitigar el riesgo cambiario), pero más allá de eso, un tipo de cambio inestable no me parece sano para ninguna economía —incluso cuando las variaciones dentro de un mes calendario no sean desproporcionales (como las observadas en noviembre), en el tanto “el momento no sea el correcto”, como lo estimo no es para Costa Rica por los cuatro argumentos mencionados arriba como referencia.

El mes anterior, según el BCCR, “el resultado neto de las operaciones de compra y venta de divisas que los intermediarios cambiarios realizaron con el público en sus “ventanillas”, registró un déficit de $195,0 millones (déficit $6,8 millones en el mes previo). Este flujo negativo de divisas fue resultado de una demanda promedio diaria ($81,0 millones), superior a la oferta media ($72,1 millones) por día hábil. Por su parte, los intermediarios cambiarios redujeron la posición propia en divisas en $136,3 millones (aumento de $66,1 millones en el mes previo). En este contexto, el tipo de cambio nominal promedio en Monex aumentó con respecto al mes anterior en ¢15,1 por dólar (¢10,9 en el mes previo) y se ubicó en ¢595,9 (¢580,8 en setiembre)”… A la última semana de noviembre 2018, el coeficiente de variación y la desviación estándar de este precio fue a su vez mayor a los niveles a los que los costarricenses estamos acostumbrados.

En un régimen macroeconómico de flotación administrada y ante un objetivo implícito de un tipo de cambio real competitivo (hay que tener claro que la competitividad no se mide por tipo de cambio nominal) y estable —que mantenga controlada la inflación (baja y estable— objetivo explícito de metas inflacionarias establecido por el BCCR desde 2005) y en el que la política fiscal no ofrece margen de maniobra debido a la ausencia de holgura en un escenario de déficit como el que enfrenta Costa Rica (Gobierno “topado”), se debe apelar además de los instrumentos de política monetaria (tasa de política monetaria, encaje mínimo legal), a los determinantes del tipo de cambio (productividad, términos de intercambio, gasto gobierno, diferencial de tasas de interés) de modo que por ejemplo una mejora en productividad (producir más, usando menos) genere ingreso de dólares y con ello se disminuya la presión sobre el tipo de cambio (baja en tipo de cambio nominal) al tiempo que se incentiva la demanda por medio del producto externo.

Quienes limitan la competitividad del país principalmente a un enfoque de tipo de cambio (política cambiaria), generalmente no solo obvian otros factores de la ecuación (política monetaria, política fiscal, política comercial, canales de desarrollo), sino que desplazan a un segundo plano a otros actores igualmente significativos de la economía (importadores por ejemplo). En la teoría, las famosas fuerzas de la oferta y la demanda deberían determinar el tipo de cambio (naturalmente —sin ruido—). En la realidad, las diferentes políticas se intersecan dinámicamente, afectando el mercado cambiario y arrojando un tipo de cambio nominal con base en el cual los agentes económicos tomamos decisiones de consumo, de inversión, de vida —principalmente en plazos inmediatos y, un tipo de cambio real determinante de la competitividad del país, que afecta las decisiones de todos los agentes a plazos mayores.

A este punto: ¿Son los shocks de tipo de cambio observados recientemente, efecto real de disponibilidad de dólares en la economía costarricense vs. las necesidades de dicha moneda? ¿O acaso el factor especulación/expectativas y las presiones coyunturales y estructurales de las finanzas públicas son los verdaderos causantes y una vez que se tomen decisiones y el control de estos temas, el tipo de cambio cederá? Creo que el verdadero factor es el componente especulación. Los niveles no cederán a promedios históricos, pero sí estimo “relajación” adicional en el tipo de cambio. Corresponde dar trazabilidad al comportamiento de los tres componentes del mercado cambiario y a los límites de cumplimiento de los intermediarios para analizar sus estrategias de compra y venta y los efectos que ello genere sobre el precio de la divisa. De nuevo, sin obviar el rol de la especulación en esta definición. 





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