Humberto Pacheco

Humberto Pacheco

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Martes 20 Julio, 2010


Trotando mundos
España Enloquecida

Los Idus de Marzo quisieron que por segunda vez nos tocara vivir en España una victoria muy significativa de su equipo nacional de fútbol. Dos años y trece días antes había sido la Copa Europa. Hoy, el más alto galardón del fútbol, el Campeonato Mundial. Desde el domingo 10 de julio a mediodía, sin premeditación, habíamos arribado a un Madrid excitado a reventar. Crisis y desastres financieros de lado, este pueblo anticipaba ya lo que sería su gloria más sublime. Y la gozaría en orden, respeto y alegría, haciendo eco de la conducta deportiva y el Fair Play que desplegó su equipo el más limpio de todos a través de todo el torneo. Una felicidad y una locura difíciles de describir.
El juego de esa noche no fue para cardiacos. Cuando ya se presentía que dos tiempos extra no iban a alcanzar, y que habría que ir a esa peligrosa ruleta rusa de los penales, remedio insuficiente para aquellos equipos tan parejos que no logran vencerse, Iniesta anotó su golazo y desató la locura. Por primera vez en noventa años esa elusiva copa hacía a España entrar en un éxtasis colectivo que más parecía un carnaval brasileño llevado a la octava potencia. Pero, reiteramos, en un orden y un respeto dignos de resaltarse. Sospechamos que un sí esto se hubiera dado en alguna de las otras ciudades europeas, la ciudad habría sido destruida por los hooligans.
En ausencia de nuestro equipo patrio, el ser descendientes de españoles nos hizo entonar orgullosamente, junto a éstos, ese pegajoso “Soy español, español, español…”. Sí, descendientes de ESPAÑOLES-,no de catalanes, ni de gallegos, ni de vascos; tal como cuando nos enorgullecemos de algo de lo mucho bueno que tiene nuestra patria y nos sentimos costarricenses, no josefinos ó vecinos del Barrio Amón.
La victoria española asestó sin duda un duro golpe a aquellos detractores de la patria que quieren destruir la sempiterna España, la gloriosa España, la España de América, para construir paisecillos en donde sus ambiciones políticas personales tengan más posibilidades de éxito. Ignorantes que quieren destruir en vez de construir, que no tienen la habilidad para hermanar regiones de idiomas distintos, en un poderoso país que no obstante se destaque por el respeto a los orígenes de los diversos grupos que componen el todo.
Fueron dos días en que el país, en forma casi unánime, manifestó su hispanidad con respeto para los grupos que componen su identidad. Los españoles de hoy cambiaron la historia, ganando su primer campeonato mundial y pasando a formar parte del “G8”, como dijo una de las tantas locutoras que, al lado de tantos locutores todos en estado de locura avanzada reseñaron por dos días esta enorme fiesta. Y es que durante noventa años ese importante torneo se lo habían repartido entre solo siete equipos.
La victoria de España en los minutos finales del segundo sobretiempo nos trajo a la memoria el emotivo momento guardando la sideral distancia en que en 1960 anotamos de media chilena el gol que rompió el cero a cero con que por primera vez en la historia la Escuela de Derecho le ganó un partido a la Escuela de Ingeniería.
Este campeonato también nos dio la enorme satisfacción de ver al excelente equipo uruguayo, jugando un fútbol impecable, situarse en el cuarto lugar del mundo. El mismo que en nuestra casa, en un repechaje al que nos forzó nuestra incompetencia, nos sacó del Mundial liderado por ese enorme jugador Diego Forlán.
Al final del día fue éste y no los Messis ni los Kakas ni los Ronaldos ni los Schweinsteigers, quien se consagró como el mejor jugador del mundo, mostrando de qué está hecha la garra charrúa. Felicidades españoles y uruguayos.

Lic. Humberto Pacheco
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