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Miércoles, 16 de junio de 2021



COLUMNISTAS


Escogiendo al mejor precandidato

Emilio Bruce [email protected] | Viernes 04 junio, 2021


Sinceramente

Sin pretender que este análisis sea exhaustivo razonaré algunas de las reglas de decisión fundamentales para escoger precandidatos para la próxima elección en febrero 2022.

¿Para qué estamos eligiendo precandidatos en todos los partidos? Para en esa selección escoger lo mejor siempre. Las elecciones son para diagnosticar problemas apremiantes del país y escoger las personas mejores que con sus destrezas y conocimiento puedan enfrentar y resolver esos problemas. Una elección no es un “reinado de simpatía” es una selección de las personas que en moral, capacidad, destreza y conocimiento puedan dar solución a la problemática de país. No es un asunto de caras nuevas sino de las mejores caras.

Resulta indispensable tener en cuenta quiénes rodean al precandidato y que serán el equipo del candidato y del futuro presidente. El gobierno de un país no es unipersonal, no es asunto de una sola persona. La administración del país es asunto de un conjunto de profesionales y personas de bien que con su capacidad y experiencia puedan recibir en delegación autoridad y responsabilidad para atender los asuntos de estado. Una persona sola no hace nada. Una persona sin equipo no puede atender con eficacia los problemas del país. Decenas de miles de personas se requieren en el equipo para ocupar directivas, ministerios y viceministerios, presidencias ejecutivas y gerencias de muchas instituciones. Gobernar solo con los mismos que han llevado al país a esta situación no parece razonable. Volver a poblar la institucionalidad exclusivamente con inexpertos “vicemocosos” pareciera que es un riesgo que el país no puede asumir. Su percepción de país debe de ser similar, no vaya a ser que cada quien jale para su lado.

Es indispensable escoger buenas personas. Escoger malas personas a sabiendas de los daños y males causados por ellos en el pasado no tiene mayor sentido. Hay que recordar sin embargo que no estamos eligiendo un obispo, estamos eligiendo un precandidato. La elección de personas con integridad, con valores y principios es fundamental, pero no es asunto de elegir fariseos o fundamentalistas tampoco. Una buena base moral resulta indispensable en equilibrio con nuestros tiempos actuales y con el pragmatismo necesario para poder gobernar una sociedad que ha cambiado y que rechazaría fundamentalismos. El bien atrae el bien y el mal conduce al mal.

Elegir ignorantes buenos sería un desastre tan grande como elegirlos malos pues la ignorancia los llevaría a malas decisiones y a la incapacidad de resolver nuestros problemas nacionales. Las decisiones tomadas en ignorancia e incapacidad generan enormes daños muchas veces irreparables. No se elige a las personas que simplemente nos simpatizan, que tocan bien la guitarra o que bailotean en los callejones. No se eligen personas sin las capacidades, destrezas y experiencia para enfrentar y resolver los problemas de país. Nadie en su sano juicio elige un buen chofer de tráiler para que realice una operación del cerebro. Nadie escoge un buen arquitecto para representarlo en un caso legal. No se puede contratar a un albañil para dar clases de filosofía. Cada quien en su campo. Cada quien para ejercer sus capacidades y sus destrezas.

¿Si alguien es hábil en los debates y en las exposiciones en redes y TV será el adecuado? No necesariamente, se requiere algo más que ser el vocero de palabras escritas y aprendidas. Se requiere una persona de criterio.

¿Si una persona dice ser el representante del pasado, y querer revivir las ideas y planteamientos del ayer será el llamado a presidir? Difícilmente. Hay cosas buenas en el pasado del país, pero la coyuntura de la actual Costa Rica con problemas en su economía y en un mundo globalizado, con una porción muy importante de su producción y su orientación hacia el comercio internacional, no es ni por asomo la Costa Rica de los años 60s o 70s. Devolvernos no es avanzar. Ser nostálgicos no resuelve nuestros problemas actuales. Aislarnos y estatizarnos no nos lleva a un estado mejor de cosas. De ese escenario fuimos saliendo, porque lo que podía darnos de bueno ya lo había dado y estaba agotado el modelo. Cuidado a esas voces que quieren regresar al mundo de ayer. Digamos no a los cantos de sirena que nos llevan a los arrecifes.

Algunos ven corruptos debajo de cada piedra. Su primera expresión es “son unos corruptos”. Hay corrupción en el país como en el resto del mundo, pero caracterizar a todos como malos, corruptos, vendidos o malignos es dibujar una caricatura, nunca describir la realidad. Son más los costarricenses sanos y buenos que los llamados malos y corruptos.

Es fundamental un juicio equilibrado en el elector o votante. Debemos escoger virtudes y capacidades en consonancia con los problemas y los retos. Debemos conservar lo bueno del país y de su institucionalidad, pero planear para un futuro mejor para todos. Quedarnos sujetos a la nostalgia es suicida. Descalificar a todos también lo es. Recordemos para qué elegimos. Recordemos la complejidad del problema enfrentado y la necesidad de elegir personas buenas, pero más sofisticadas para poder enfrentarlos y resolverlos. Tengamos presente quién puede unir a los costarricenses bajo la bandera de un propósito común. Que pare el pleito y la división permanente. No dejemos de tener presente siempre que hemos creado un estado inmenso, complejo con directivas y gerencias, presidencias y coordinaciones, con asesores, ministros y viceministros. No se gobierna solo. El gobierno no es unipersonal. El gobierno es de equipo y el equipo debe salir de la comunidad como un todo.

Meditemos, pensemos, analicemos. Esta no es una decisión exclusivamente emocional.

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