Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 22 Octubre, 2011


ELOGIOS
Es la economía, ¡estúpido!


La frase de Clinton que contribuyó a darle la victoria electoral sobre el viejo Bush en 1992 nos golpea nuevamente mientras asoma la sombra de una nueva recesión y los países desarrollados no saben bien qué hacer con ella, ya que están embarcados en la salvación de sus propias economías y no saben cómo enfrentar esta crisis que los del tercer mundo no provocamos, es decir, ni el TLC nos salva de enfrentar nuestras propias realidades.
Mientras tanto, la actual administración pareciera empeñada en ahondar la crisis: multas astronómicas, impuestos para todo, nada de recorte de gastos, lentitud e irresolución, castigo a los probables inversores y pobres cada vez más pobres y nuevos ricos sin poder demostrar de dónde proviene su riqueza: es la Nueva Sociedad que por si fuera poco se regodea mostrando sus oropeles, sus cirugías, sus vestidos rumbosos e irrepetidos y se pavonea en las páginas de la farándula más vanidosa que procura reflejar la vida palaciega que se dan.
¿Queda acaso algún vestigio del glorioso partido Liberación Nacional que en la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires era ejemplo de avanzada, al igual que el país sin ejército que envidiábamos en otras latitudes como modelo de democracia y de posición valiente ante un mundo conmocionado por la Guerra Fría y las amenazas de avasallamiento contra la Revolución Cubana? Con el debido respeto me cuesta ver a aquella Costa Rica de entonces y compararla con la actual, sin un sentimiento de pérdida que más allá de las encuestas no me hable de otra cosa que de un serio deterioro no necesariamente por responsabilidad del actual gobierno, es cierto, pero sin claridad del mismo para intentar un cambio.
Considero que la opinión pública merece más claridad, menos acuerdos a escondidas y arreglos a futuro para el reparto del botín, porque la gente está cada vez más molesta del modo como es ignorada. A diario se conoce de abusos y manejos non sanctos que el pueblo resiente porque se supone burlado, mientras la vida vale cada día menos y la corrupción predomina hasta en los estratos mínimos de las organizaciones que deben servir a la sociedad.
Mientras tanto, el mundo se debate en la crisis más seria del capitalismo ya en desaparición y sin reemplazo. El alto precio del petróleo no ha servido de mucho a los países productores: terrorismo, riqueza reducida a unos pocos, desperdicio, dictaduras rumbosas y un desorden financiero que las potencias no logran mitigar.
No quiero pensar que nuestro pensamiento político nacional esté enmohecido, pero da la sensación que con el envejecimiento y la desaparición de los viejos líderes, carecemos de una generación de relevo que posea la altura intelectual como para obtener una mejor visión ante un mundo diferente, una adecuación más realista y un sacrificio personal menos burgués y menos interesado en disfrutar de las bondades de la vieja vaca demasiado ordeñada para seguir los pasos de la Dos Pinos.

Leopoldo Barrionuevo
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