Alejandra Esquivel

Alejandra Esquivel

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Jueves 28 Mayo, 2015

Es inaceptable tanta indiferencia e irresponsabilidad

“Mientras los pobres no tengan pan, el rico no tendrá paz”, se lee en un grafiti de una calle capitalina. Casualmente, la semana anterior, se hacía público que la desigualdad entre ricos y pobres en los países de la OCDE, ha alcanzado su nivel histórico más alto. Lo que alguien escribió con enojo en una pared capitalina es consistente con lo que el secretario general de la OCDE declaraba: “Las pruebas muestran que la alta desigualdad es mala para el crecimiento”.
“Los pobres” que tanto son utilizados en las campañas políticas, están estancados en la pobreza, condiciones precarias de educación, inseguridad, enfermedad, delincuencia, desempleo… con los que estamos impidiendo el desarrollo económico y social del país.


Si tanto interés hay por los pobres, ¿por qué son a quienes más se les limita el acceso a los servicios y oportunidades de calidad?
Dos directivos de la CCSS pidieron al gobierno declarar emergencia nacional para destinar recursos que permitan atender a quienes esperan atención médica. Es muy probable que quienes se quejan de la iniciativa, no están en la lista de espera que, según estos dos directivos, supera los 500 mil asegurados.
Estas personas que esperan por un procedimiento en un hospital público del país, con altísimas probabilidades no tienen los medios económicos para tratarse en centros privados; pero naturalmente, desde la arista política, aceptar una declaratoria de emergencia nacional sería a todas luces un suicidio, pues como ellos mismos lo han aceptado, los problemas de la CCSS son de orden estructural y requieren soluciones integrales… lo que no aclaran es la forma y tiempo en que se estará subsanando esa realidad.
“Los más pobres pagan”, se titulaba un artículo de opinión publicado el pasado sábado. Y es que, por increíble que parezca, para cumplir con las metas de austeridad, el MEP, “entre múltiples posibilidades a su alcance”, optó por rebajar ¢2 mil millones de una partida del presupuesto supuestamente “destinada” a dotar de computadoras a 670 centros de primaria rurales, muchos de ellos unidocentes.
Nadie tiene derecho a negar la salud y la educación a la población que no puede pagar por estos servicios, al tiempo que con total descaro los costarricenses seguimos asumiendo gastos absurdos e intocables, destinados a “gentes intocables”.
No es justo aprovecharse de las demandas de los sectores vulnerables para “tapar” los huecos negros como el aumento del presupuesto para 2015 en un 19% respecto al presupuesto 2014 y ni que hablar de la situación fiscal tan comprometida que hemos venido arrastrando desde hace ya varias administraciones.
La tasa de desempleo y condiciones de empleo informales que enfrenta nuestra población, así como un sistema de pensiones estrujado que requiere atención inmediata, alternativas frescas/innovadoras que procuren transparentemente mejorar la calidad de vida actual y futura de quienes no podrían conseguirlo sin la intermediación de políticas publicas, debe ser más que un simple eslogan de campaña.
En este último punto, la capacidad de Álvaro Ramos sobrepasa el reto a todas luces agobiante, dada la demanda del sistema, pero la viabilidad de sus propuestas también dependerán de voluntad política.
Es tiempo de parar tanta indiferencia e irresponsabilidad social.

Alejandra Esquivel