Leopoldo Barrionuevo

Enviar
Sábado 26 Noviembre, 2011


ELOGIOS
Erasmo y la columna de Elogios


Pese a mis anteriores intentos por explicar el origen de una columna de Elogios que rara vez elogia, no tuve mayor fortuna porque intenté ser convincente pero los elogios que critican no son creíbles para mis lectores y en verdad, tienen razón.
Cuando comencé a instancias de Fred Blaser inaugurando la columna empresarial que pasó a dirigir el malogrado Wilmer Murillo, la bauticé “Mercadeo para vender”, una columna especializada que al tiempo sentí que no era un tema que pudiera ser popular o de atractivo para un vasto público, en especial cuando la sección pasó a ser una página política.
La variedad me pareció útil porque el material era denso inevitablemente por tratarse de artículos mercantiles y sin pedir permiso cambié hacia “Elogios”, aunque un columnista me tratara de ecléctico porque navegaba en los temas de la vida omitiendo la especialización: el saber mucho de poco.
El título nunca lo divulgué a nadie se originó en Erasmo de Rotterdam, quien había conmovido los cimientos de la literatura universal hacia 1511 con su “Elogio de la locura” pero en realidad Erasmo escribió una sátira que era un elogio de la tontería o si se prefiere, de la estulticia (necedad, ignorancia), debido a que para Erasmo la locura es en parte narcisismo, adulación, irreflexión, pereza…
Cuando se incorporó Claudia Barrionuevo al equipo de columnistas, Francisco Villalobos quedó convencido de que era el camino que él debía elegir para alternar con su columna de impuestos y nos obsequió con un libro de selección de sus artículos pero la dirección le hizo ver que él era un especialista irremplazable y casi sin darnos cuenta se fue convirtiendo en el zar de los impuestos y pensé que era mejor que hubiera seguido siendo ecléctico porque como Director de Impuestos, no perdona ni lo perdonan como pasa con las pedradas que le arroja Eduardo Li, el zar del fútbol.
Ambos se mueven en temas espinosos, pero Francisco es un experto en un tema ingrato porque las leyes las hacen los políticos muchas veces sin medir las consecuencias, en especial cuando se trata de recaudar dinero, eso sí, sin tocar el propio y por si fuera poco, en los últimos tiempos, cuando creen estar en la cumbre, a algunos se les crece el sentido de la importancia y se creen la mamá de Tarzán envuelta en huevo, se fotografían con trajes Armani y viviendas palaciegas y caen en la estolidez (mejor lo dejo así) hasta que Erasmo les recuerda que solo la dignidad y el honor estimulan la locura de creerse inmortales omitiendo que como a todos la muerte y el olvido, lo aguardan invariablemente a la vuelta de la esquina.
Es un golpe del que no te salvan ni los parientes entronizados ni los premios obtenidos ni siquiera la petulancia y mucho menos las conquistas amorosas ya que la fama es puro cuento y si no, preguntáselo a Berlusconi que se va a ir de esta vida sin un euro partido por la mitad. ¿Para qué, entonces, tanta milonga si aquí ni Dios rescata lo perdido?

Leopoldo Barrionuevo
[email protected]