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Prepararse para gobernar exige a las mujeres disponer del tiempo que solo les llega cuando los hombres se hacen cargo del 50% que les corresponde en la otra gran tarea: formar hogares, familias y educar hijos


Equilibrio de sexos en el poder

Cuando comenzó la presente administración el gabinete estaba integrado por un 43% de mujeres en los ministerios además de que una de ellas pasó a ocupar, por primera vez en el país, la silla presidencial.
Hoy las cosas han cambiado y en esos cargos lo que hay es un 78% de hombres. ¿Fue la voluntad de la Presidente o las circunstancias lo que la llevaron a variar el porcentaje femenino en la integración de su gabinete?
Algunas de ellas, al frente de ministerios al inicio de la administración, se fueron por cuestionamientos, obstáculos en la gestión o por roces con la propia Chinchilla. Pero la pregunta es ¿por qué fueron reemplazadas por hombres y no por otras mujeres? ¿Es que no hay en el país representantes de ese sexo como para encomendarles esas responsabilidades? ¿Es eso lo que ocurre en el seno de los partidos políticos?
No es fácil luego de siglos de dominación masculina en la toma de decisiones, que estas pasen a estar en manos de féminas en un porcentaje de alrededor del 50%. Sin embargo, el sano equilibrio para la sociedad lo aconseja.
Los hombres y las mujeres no son enemigos sino seres que se complementan. La visión de mundo y las preferencias de unos y otras, al ser diferentes, hacen que encuentren caminos distintos para la resolución de conflictos y para el planeamiento y ejecución de las acciones de gobierno que pueden confluir en un equilibrio mucho más saludable y balanceado que si prevalece solo uno de los dos sexos al mando.
Sin embargo llevamos siglos de gobiernos masculinos y son ellos quienes dominan en las más altas esferas de los partidos políticos. Es ahí donde se debe producir el cambio para que más mujeres, entre tantas capaces de aportar al manejo de la nación, puedan realizar las experiencias necesarias que les permitan estar listas cuando llega el momento de integrar un gabinete o postularse para la silla presidencial.
Pero esa preparación exige disponer del tiempo necesario, que solo llega a las mujeres cuando los hombres se hacen cargo del 50% que les corresponde en la otra gran tarea para una sociedad sana: la de formar hogares y familias y educar hijos.
Por otro lado, las mujeres que aspiran a ello deberían tener muy claro que no se trata de emular a los hombres, sino de utilizar, para enrumbar adecuadamente los destinos del país, sus mejores capacidades y talentos desde la perspectiva femenina a fin de complementar a la masculina.

 

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