Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 8 Mayo, 2015

Los asiáticos han encontrado la forma de “desencadenar su potencial”, como recientemente señaló Warren Buffett, inversionista estadounidense y tercer hombre más rico del mundo

Entre cielo y tierra

La evolución de las relaciones entre Estados Unidos y China es el elemento a nivel global que toma mayor atención, conforme el gigante asiático logra ejercer un papel cada vez más dominante en el comercio internacional.
Desde una perspectiva idealista, se podría pretender el desarrollo común de estrategias entre EE.UU. y China, que, basadas en una forma de “realismo constructivo y propósitos comunes”, sea una especie de guía para estas relaciones bilaterales.
Desafortunadamente, esa visión no deja de ser ingenua, pues las discusiones a lo interno apuntan a que cualquier papel dominante de China debe ser respondido por uno de mayor tamaño de parte de EE.UU.
Está lejos aún del panorama geopolítico para China lograr tener una presencia más imperante en el Banco Mundial, cuyo mayor círculo de influencia lo ejerce EE.UU., o bien el Fondo Monetario Internacional de control más predominante europeo.
Asimismo, la reciente posición estadounidense sobre el Banco de Inversión Asiático de Infraestructura da señales claras sobre la dirección de evolución de las relaciones bilaterales sino-estadounidenses, decisiones que a su vez han sido bienvenidas por sus aliados.
A pesar de los frenos y las estrategias de cada parte por salvaguardar sus intereses, la otra cara de la realidad es que China sigue creciendo, tal vez no al ritmo de las últimas décadas, pero con los elementos necesarios para poder mantener esta carrera.
Especialmente, los asiáticos han encontrado la forma de “desencadenar su potencial”, como recientemente señaló Warren Buffett, inversionista estadounidense y tercer hombre más rico del mundo.
China ha logrado en menor tiempo que EE.UU. ejercer una mayor influencia global de su producción interna bruta.
Este elemento debería ser, en esa misma visión idealista, un punto para mantener relaciones cooperativas entre ambas naciones.
Para ello sería necesario un fuerte liderazgo Obama-Xi, capaz de convencer a lo interno de las distintas potencias que el beneficio del desarrollo de una agenda de un “idealismo compartido” podría generar importantes réditos para sus propios mercados.
No obstante, esta perspectiva sigue siendo ingenua, si no se considera un riesgo latente para ambos. Me refiero al hecho de que si las reformas y campañas anticorrupción no logran pronto ejercer un cambio de timón, China podría perder la ventaja de la velocidad de su crecimiento. De igual forma, si EE.UU. no pone atención a este elemento, caerá en otra crisis de credibilidad de su sistema.

Luis Alberto Muñoz Madriz
@luisalberto_cr