Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 18 Septiembre, 2015

Europa hoy se enfrenta a uno de los mayores retos morales de su historia

Entre cielo y tierra

Estambul-.  Schengen, la pequeña ciudad de Luxemburgo, donde en 1985 los políticos europeos soñaron con abolir los controles fronterizos para que las personas de cinco de estos países pudieran viajar libremente, en las recientes semanas ha recibido un fuerte golpe de realidad.
Europa, o al menos los 22 de los 28 países que se han unido al “espacio Schengen”, están sufriendo las complicaciones de sus políticas incompletas de integración, ahora puestas en tela de duda conforme se agravan las crisis de migrantes. La más reciente es la de personas de Siria escapando para salvar sus vidas de la lucha de grupos radicales por el control de esta zona.
Datos oficiales en Turquía estiman el desplazamiento de unos 2 millones de personas, mientras las cifras no oficiales apuntan a que más 3 millones han cruzado ya su frontera sur.
La respuesta del pueblo turco ha sido  solidaria. Hasta el momento los gastos en atención humanitaria han llegado a unos $6 mil millones, incluyendo la creación de áreas y campos de atención.
Desde hace cuatro años que inició este conflicto, alrededor de un 80% de estos migrantes viajan con la expectativa de llegar al espacio Schengen, pero no todos lo logran.
Las reglas, incluyendo la regulación de Dublín, una ley adoptada por la Unión Europea, determinan cuáles de los países miembros son responsables de procesar a quienes buscan asilo. Este acuerdo ahora da  muestras de colapsar,  conforme cada  miembro intenta pasar la problemática al otro.
En los meses recientes, los alambres de navajas, bardas cada vez más altas y extendidas por las rutas de acceso al centro del Viejo Continente intentan sumarse a las medidas legales para contener las olas humanas desatadas por esta crisis.
La Unión ha puesto una moratoria a los acuerdos de Dublín sobre las deportaciones a Grecia.
En Hungría, donde en días pasados sucedieron enfrentamientos serios entre la policía y los migrantes, se tomó la decisión desde junio de detener unilateralmente la aplicación del acuerdo mencionado.
Por su parte, Alemania suspendió en agosto las reglas de Dublín para refugiados sirios, mientras los políticos discuten cómo modificar las distribuciones de desplazados.
Todo apunta a que el mundo está lejos de ver una solución a la inestabilidad del Oriente Medio, y las consecuencias del intervencionismo de las “democracias avanzadas” están siendo más evidentes.
Europa, acostumbrada a dictar lecciones morales a otras partes del planeta, hoy enfrenta uno de los mayores retos en su identidad y definición de valores frente a la comunidad global.

Luis Alberto Muñoz Madriz
@luisalberto_cr