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Miércoles, 14 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


¡Entre todos sí podemos!

Emilio Bruce [email protected] | Viernes 01 junio, 2018


Sinceramente

¡Entre todos sí podemos!

La construcción de nuestro país no es tarea solamente de quienes están en el gobierno. La construcción de nuestro país es un esfuerzo mancomunado de la empresa privada y de la conducción de los asuntos públicos de manera acertada. No existe en forma alguna un divorcio entre sector público y sector privado. El sector público es un servidor del privado, nunca un ente competidor en funciones, actividades ni en recursos o amo de la comunidad.

El sector público bien dirigido y llevando a cabo correctamente sus labores designadas a su campo de acción es el motor del sector privado que genera todos los bienes y servicios significativos de una país y de una economía libre. El sector público no debe ser visto con suspicacias ni temores por quienes día a día desarrollan las tareas de construir, comprar y vender, manufacturar y exportar, transportar y distribuir, desalmacenar productos y financiar actividades en una comunidad. El Estado tiene su trascendental función de administrar los asuntos comunes, los que no son de una familia o empresa, los que son de una comunidad, de la sociedad en pleno. En esos asuntos debe mostrar empeño y frenética actividad y caminar delante de las necesidades percibidas en esa comunidad para actuar como ruta al desarrollo.

El Estado hace mal en intervenir en las actividades en las que el espíritu de lucro y la actividad privada individual, con toda la flexibilidad y creatividad de esta, funciona sobradamente bien.

Los seres humanos deben ser libres de trabajar y ganar, gastar su salario y dedicar sus energías a cuanto más les guste. Los individuos deben tener libertad plena para encauzar sus opciones y alcanzar sus objetivos dentro de la comunidad en la que viven y trabajan.

El Estado debe conservar la regulación de las actividades sociales, el orden y seguridad pública, la construcción de la infraestructura común, la justicia pronta y cumplida y la elaboración de leyes y decretos, sin inmiscuirse en aquellas actividades en las que el sector privado es más eficiente y ágil, y resulta más productivo y eficaz.

El Estado a través de políticas públicas debe velar por la más justa repartición del ingreso y establecer las contenciones para que las brechas sociales, las de educación, las de salario se disminuyan en el tiempo.

El salario mínimo, sus montos y su fijación con normas y reglas econométricas debe ser una realidad, no una mascarada que cualquiera se salta y no tiene consecuencia.

El salario mínimo es una herramienta trascendental de política pública tanto económica como social. El empleo guarda relación inversa al monto del salario por lo que su fijación requiere prudencia y equilibrio. El monto de salario debe ser de una magnitud tal que una familia pueda vivir con dignidad cubriendo todas sus necesidades con este. Las brechas de ingreso se cierran primero con trabajo remunerado y luego se terminan de sellar con salarios mínimos acordes con las realidades de la economía.

La fijación del salario mínimo que muchos observan como algo sin importancia, el desempeño de las funciones de interés común que se han dejado de hacer por emprender actividades privativas del sector privado, la educación pública de calidad y excelencia tan venida a menos, la construcción de caminos y carreteras prácticamente estancada, puertos y aeropuertos, la dirección de salud y previsión social, el dirigir la política fiscal controlando el gasto y la política monetaria para guardar el valor y la convertibilidad de la moneda, así como controlar la inflación, son tan importantes labores, tan laboriosas, tan delicadas, que el gobierno bien debería focalizarse en ellas y dejar de abrir nuevas agencias y entidades descentralizadas para lo que carece de recursos.

Zapatero a tu zapato. Hay cosas valiosas, pero las urgentes deben atenderse de primeras. A la sociedad hay que cuidarla y el sistema debe ser justo y poder lograr que todos los habitantes alcancen sus objetivos de vida razonables. Sigue habiendo un 20% de pobreza. Hay que trabajar en bajar ese índice con constancia y efectividad. La suerte de Costa Rica depende de que la pobreza y la pobreza extrema se eliminen.

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