Federico Malavassi

Federico Malavassi

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Jueves 10 Noviembre, 2016

Estamos atrapados entre babosos y mañosos. Unos que se aprovechan de todos y otros que son tontos útiles

Entre mañosos y babosos
 

Una de las cosas más tristes y desesperantes es ir detrás del vehículo conducido por un baboso, sobre todo cuando da lugar a que se aprovechen los mañosos (vivazos).

Al baboso no le importa, parece que no tiene afán alguno, va distraído con su celular o pensando en los “huevos del gallo”. Lo que sucede es que uno es víctima de tan abúlica modo de conducir, pues el baboso le bloquea a uno la posibilidad de conducir con eficiencia y parecen tener preferencia todos los demás excepto quienes sí tienen la vía.

El baboso juega de buenazo y promueve el manejo doloso y mañoso que se roba las filas, adelanta ilegalmente, circula irregularmente, no obedece las reglas de tránsito, hace maniobras ilegales y pone en peligro a los demás.

El baboso, más bien, parece bloquear al que circula bien (de hecho lo atrasa) y regala indolentemente los campos, espacios y tiempos que no le corresponden. A final de cuentas se fomenta la irregularidad y se castiga al cumplidor.

Mi párroco deplora la conducta de los mañosos y predica exhortando a los babosos a no ser majes y no confundir las buenas acciones con el fomento de patologías sociales. “¡No les dé campo a los abusadores de la calle! —pregona— ¡y si le reclaman diga que el padre se lo ordenó!”. Así es de contundente.

El mismitico problema tenemos en la vida política, pública y jurídica de nuestra sociedad. Estamos atrapados entre babosos y mañosos. Unos que se aprovechan de todos y otros que son tontos útiles.

Entre la idiosincrasia del “pobrecitico”, la mala idea de la solidaridad social, la mala concepción de lo que es un “Estado social de Derecho”, estamos abandonando las buenas instituciones para promover las mañas y los abusos.

Por eso estamos frente a la insostenibilidad del Estado, a punto de convertirlo en un Estado fallido. Es obvio que el Estado se ha desviado de los propósitos fundamentales y se entretiene y distrae entre abusos de todo tipo, gollerías, supuestas luchas contra la pobreza, clientelismo y favorecimiento de los buscadores de rentas.

El monopolio, el estatismo, el exceso de entidades públicas, la hiperregulación de actividades y la tramitomanía hunden la gestión pública, apuntan a la angurria tributaria y tienen secuestrada la sociedad costarricense.

Es más cómodo dejarse ayudar por el Estado que acometer y emprender actividades propias. Es más cómodo dejarse ayudar por subsidios, programas contra pobreza, repartos y ayudas que estudiar, trabajar y construir.

Es más cómodo aprovecharse del FEES y del porcentaje para la educación que iniciar actividades, fomentar el conocimiento, intentar actividades propias y asumir responsabilidades.

Es más cómodo aprovecharse de babosos que cumplir ordenadamente el exceso de normativa que tiene nuestra sociedad. ¡Qué tirada!