Claudio Alpízar

Claudio Alpízar

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Jueves 18 Agosto, 2016

Dejamos que nuestra democracia fuese gobernada por cualquiera, con funcionarios públicos que perdieron su vocación de servicio. Además, en conjunto relativizamos la ética y la moral.

SIN TREGUA

¿En qué momento nos bajamos del “bus”?

Todo indicaba que Costa Rica había tomado delantera en el camino correcto al desarrollo para así intentar ser la primera nación de América Latina en lograrlo, eran los años 70 del siglo pasado.

Lo mejor vino dentro de un acentuado y sólido sistema democrático que se forjó desde los inicios de la República, que se acentúa a partir de 1949 y que se mantiene.
Un país exitoso que no necesitó de un dictador como Fidel Castro para comprender la importancia de invertir en el desarrollo social; que tampoco requirió de otro autoritario como Augusto Pinochet para la creatividad y el desarrollo económico.
Los líderes costarricenses en muchas ocasiones dejaron de lado las mezquindades propias del individualismo para pensar en el bien común.
Los jóvenes de entonces no dudábamos que pronto llegaríamos a ser una nación desarrollada, los gobernantes lo tenían como meta.
Sin embargo, nuestros políticos nunca se habían preparado para asumir las posibles consecuencias de una crisis económica, siempre proclive a aparecer sin anunciarse. ¡Y apareció!
¿Pero cuándo? ¿Cuándo fue que nos bajamos de ese “bus”? ¿Cuándo dejamos de soñar? Algunos lo ubican en la denominada década perdida —años 80 del siglo XX—, otros culpan al precio del petróleo, a la devaluación de la moneda, al gobierno de Rodrigo Carazo.
Otros lo achacan a los programas de ajuste estructural, al Consenso de Washington, a la corrupción, a la caída de bipartidismo, al PLUSC y a la aparición del multipartidismo.
¡Pero por Dios! ¿Cuándo fue que nos bajamos del “bus”?
Mi respuesta es que no hay fecha ni momento fijo. Pero si un proceso durante el cual uno a uno de nosotros —ciudadanos, empresarios, sindicalistas y políticos— olvidamos el compromiso familiar y social con la nación, así poco a poco, uno a uno nos fuimos bajando del bus en diferentes paradas.
Un proceso largo de deterioro, desinterés y pérdida de compromiso y esperanza.
Dejamos que la educación fuese raptada por la mediocridad y sin visión de excelencia; permitimos el deterioro y la escasez de la inversión en infraestructura.
Impávidos dejamos que el sistema de salud no se actualizara y funcionara con la dirección de ineptos. Dejamos que nuestra democracia fuese gobernada por cualquiera, con funcionarios públicos que perdieron su vocación de servicio. Además, en conjunto relativizamos la ética y la moral.
Entre parada y parada del “bus” dejamos que la ciencia y la tecnología se volvieran hijas pobres del desarrollo, alejándonos de un nuevo mundo que parece un toro furioso que nos embiste.
No comprendemos que no vimos un cambio de época sino una época de cambios.
La solidaridad y la justicia social se convirtieron en temas secundarios. La inmediatez se tragó la agenda de futuro, los partidos políticos se “profesionalizaron” como clubes electorales.
La ciudadanía aportó la adoración del camino fácil y corto, diferente a aquel “bus” que siempre transitó por un camino más largo, pero seguro y con visión de futuro.
Hoy nuestro “bus” hacia el desarrollo transita con pocos pasajeros comprometidos con un patriotismo activo y propositivo, que se ocupan de un futuro inhóspito que obliga a pensar y actuar, a sabiendas de que lo peor que nos puede pasar como nación es un incierto futuro colectivo.
Piénselo, a lo mejor en la próxima parada usted se vuelve subir al bus.