Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 4 Mayo, 2016

 Y enfrascados como andamos hurgando siempre en nuestras diferencias y en todo lo que ciertamente aún nos falta y nos faltará siempre por conquistar, nos hemos vuelto mezquinos con nosotros mismos en el reconocimiento de nuestras inmensas fortalezas

Hablando Claro

En libertad

Tengo 33 años de ejercer mi oficio/pasión. Mucho más que suficiente para poder testimoniar que tenemos ganado en este país bendito, un lugar de privilegio como una de las diez naciones que más respetan la libertad de prensa en el planeta. Sexta del orbe para ser precisa y primera de América Latina, de acuerdo con el índice 2016 de la reputada organización Reporteros Sin Fronteras. “Con una legislación muy favorable para la prensa y un verdadero reconocimiento de la profesión periodística, (Costa Rica) es el único país de Centro América que no padece altos índices de corrupción y las consecuencias que estos generan en el acceso a la información”, dice RSF entre otras consideraciones respecto de nuestro sitial en el repertorio.
¡Enhorabuena!
Si bien es cierto, se trata de garantías para desempeñar nuestro trabajo, también lo constituyen para toda la ciudadanía. Un aseguramiento de las condiciones esenciales en que puede desarrollarse la siempre cambiante dinámica de la vida social en democracia, pasa como todos sabemos por las correas de la libertad de expresión. Y por eso, cuando celebramos ayer 3 de mayo el Día Mundial de la Libertad de Prensa, lo hacemos desde la vivencia cotidiana de un derecho que es real en sus manifestaciones, efectos y consecuencias. No es solo una norma escrita en la Constitución Política. Es una vivencia que nos garantiza una democracia que —aun con sus disfuncionalidades (en todo caso, no las hay perfectas)— ostenta en la libre expresión de sus ideas y opiniones y en el derecho de acceso a la información de interés público, una de sus más preciadas conquistas.
Recordar esto es una obligación. Sobre todo cuando olvidamos tan frecuentemente todo lo bueno que tenemos. Se dice fácil: la nación sin ejército, el país con más libertad de prensa, la democracia más antigua del continente…
Pero acaso, por tener todo ello a mano, lo damos por descontado. No lo valoramos adecuadamente. Y enfrascados como andamos hurgando siempre en nuestras diferencias y en todo lo que ciertamente aún nos falta y nos faltará siempre por conquistar, nos hemos vuelto mezquinos con nosotros mismos en el reconocimiento de nuestras inmensas fortalezas.
Según la Federación de Periodistas Latinoamericanos, 43 reporteros fueron asesinados en el 2015, la tercera parte de ellos en México, donde cada 22 horas un colega es agredido y donde solo en los últimos 12 años, 23 han desaparecido. También es muy arriesgado ejercer el periodismo en Honduras, en Brasil, en Colombia y en Guatemala. Y en otros países, muchos colegas no lidian con la muerte, pero son acallados por múltiples medios, con limitaciones normativas y económicas que vuelven letra muerta la supuesta consagración a la libertad de prensa.
Me siento privilegiada de ser periodista en Costa Rica. Y por supuesto, de que mis hijos y mi nieto vivan en un país de efectiva libertad de expresión y prensa.
Solo me acongoja saber que –—desde los medios de comunicación y desde nuestro ejercicio— no estemos hoy muchas veces a la altura de semejante privilegio. Porque, no hay que olvidarlo: no hay libertades irrestrictas. Ni cheques en blanco. Y no es posible el ejercicio de la libertad, sin su correlato, de responsabilidad.

Vilma Ibarra