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Sábado 8 Marzo, 2008

En el Día Internacional de la Mujer


El sábado pasado habré de recordarlo hasta el último día de mi vida. Una noche oscura y su cara una hermosa luna llena. Una noche callada y su voz el eco de los siglos andinos. Una noche fría y su amor la cálida brisa del verano argentino. De lo profundo de su pecho insondable, brotaron los versos que conocemos no de memoria, sino de corazón: “tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí resucitando. Gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal porque me mató tan mal, y seguí cantando”.
Sólo una mujer, María Elena Walsh, pudo haber escrito esa letra; y sólo otra mujer, Mercedes Sosa, pudo haberla cantado de esa manera imponente. Mujeres sobrevivientes. ¿Cuántas hay en Costa Rica? ¿Cuántas cigarras se levantan cada día a seguir cantando, en medio de la angustia o la enfermedad, en medio de la desesperación o la necesidad, en medio del miedo o la frustración? ¿Cuántas Mercedes Sosa resucitan cada día en Pavas o en Puntarenas, en Desamparados o en Alajuela, en Santa Cruz o en Limón?
En mi vida he conocido a muchos hombres cobardes, pero creo que no he conocido a una sola mujer que no sea valiente. Algo hay en su genoma, o en su multitudinaria historia, que las hace sorprendentemente fuertes. Será porque son las dadoras de vida que la vida alcanza en ellas su apoteosis. Será porque son la vid de la tierra que sus raíces son más hondas y resistentes. Yo las he visto soportar el invierno más crudo, y dar frutos de nuevo en la siguiente primavera. Las he visto secarse hasta los huesos, y volver a brindar hojas verdes con el paso del tiempo. He visto sobrevivir a las empresarias y a las amas de casa, a las ancianas y a las estudiantes, a las políticas y a las pintoras, a las maestras y a las ingenieras. A algunas las he visto luchar contra la pobreza, y he intentando luchar con ellas. A otras las he visto desafiar la falta de oportunidades, y me he sumado también al desafío. Quiero que los hombres de este país, y de este Gobierno, caminen al lado de ellas. Quiero que ésta sea la época en que las sobrevivientes tengan por fin razones para agradecer a mi género.
Todavía faltan hombres en las luchas de las mujeres, y sobran las tareas pendientes. Pero creo que hay motivos para albergar esperanza. Cada día son más los hombres que acarician que los que golpean, cada día son más los que dialogan que los que gritan, cada día son más los que incluyen que los que discriminan. Conforme pase el tiempo, esa transición será cada vez más acelerada. Las nuevas generaciones se han educado en clases donde sus compañeras tienen los mejores promedios; se han desempeñado en trabajos donde sus jefes son madres de familia, y se han involucrado en relaciones afectivas en donde ya nadie ordena ni obedece, sino que las decisiones se toman por mutuo acuerdo. Es claro que esto no es así en todos los lugares o en todos los círculos sociales, pero creo que se trata de un proceso evolutivo e inevitable. Más temprano que tarde, Costa Rica será un lugar de mayor equidad de género.
Mientras tanto, existen acciones prioritarias que debemos abordar. La pobreza sigue golpeando con mayor crudeza a nuestras mujeres; los puestos de liderazgo siguen siendo en parte reservados para los hombres; el subempleo sigue siendo un problema serio para la estabilidad económica de las mujeres y de sus hogares. Estas son taras que el Gobierno está intentando superar, pero que sobre todo debe superar la sociedad. Las políticas de inclusión de la población femenina traen cambios, pero el cambio mayor debe venir de la población en general. Muchos de los grandes desafíos para la equidad de género tienen lugar en espacios privados, en nuestras empresas y en nuestros negocios, en nuestras familias y en nuestros hogares. Y en ese ámbito de privacidad, cada quien debe gobernar su propio cambio. Cada quien debe propiciar su transición.
Otra hermosa canción de María Elena Walsh dice: “quien no fue mujer ni trabajador / piensa que el ayer fue un tiempo mejor / y al compás de la nostalgia / hoy bailamos por error”. Hoy es el Día Internacional de la Mujer y les digo, sin temor a equivocarme, que no hay razón para la nostalgia, porque vienen días mejores. Llegará pronto la vendimia para las sobrevivientes, que han tenido que resucitar tantas veces durante tantos años. Vienen días mejores y espero que cada hombre de Costa Rica quiera formar parte de ellos.

Oscar Arias Sánchez
Presidente de la República