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Empresarios latinos son los más preocupados por el ambiente

Más del 50% de los directores de empresas en América Latina ven la pérdida de biodiversidad en la Tierra como un desafío para el crecimiento empresarial.
Le siguen los empresarios de África con un 45% y entre los directivos europeos, este porcentaje se reduce al 20%.
Esto es lo que afirma el informe “La Economía de los Ecosistemas y la Biodiversidad” (TEBB), realizado por el Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas y presentado ayer en Londres.
Uno de cada cuatro directores de empresa ve la pérdida de biodiversidad como un reto a abordar por ser una cuestión estratégica en el crecimiento empresarial, lo que indica que la concepción “verde” de la economía va ganando terreno en la agenda corporativa.
Según el TEBB, “los gerentes de empresas que no desarrollen una gestión sostenible de sus negocios pueden quedar fuera de la sintonía del mercado”.
Otro estudio, que también se incluye en el TEBB, refleja que el 60% de los consumidores encuestados en América y Europa son conscientes de la pérdida de biodiversidad.
Brasil se sitúa a la cabeza, con más del 90% de los consumidores preocupados por esta cuestión.
Además, más del 80% de los consumidores consultados afirmaron que dejarían de comprar productos de empresas que ignoran las consideraciones éticas y ecológicas en sus prácticas de aprovisionamiento.
Pavan Sukhdev, líder del estudio TEBB, dijo que “la importancia económica de la biodiversidad y los ecosistemas está saliendo de lo invisible al espectro visible”, ya que cada vez más empresas “están escuchando y actuando con el fin de construir empresas del siglo XXI más sostenibles”.
“A no ser que el mundo de los negocios se sume a la preocupación por la pérdida de biodiversidad, no hay nada que hacer”, señaló Sukhdev durante la presentación del informe.
Éste cita el caso de la minera Rio Tinto como ejemplo de empresa comprometida con lograr un impacto neto positivo sobre la biodiversidad, al trabajar con expertos en conservación en el desarrollo de nuevas metodologías “de compensación” en Madagascar, Australia y América del Norte.
Otras empresas con compromisos similares son: Coca Cola, que se ha comprometido a eliminar su impacto en los recursos acuíferos para 2020, o la suministradora de electricidad canadiense BC Hydro, que se ha comprometido a mejorar su impacto ecológico.
Además, las ventas globales de comida orgánica sumaron en 2007 $46 mil millones, el triple de lo registrado en 1999, y las ventas de los productos calificados como “sostenibles” en el medio ambiente se cuadruplicaron entre 2005 y 2007.
El informe TEBB defiende que, además de mitigar los impactos adversos, las empresas pueden también generar ingresos con la conservación de la biodiversidad y los ecosistemas, ya que la silvicultura y la pesca dependen de los ecosistemas saludables para garantizar beneficios.
La subdirectora del Programa Medioambiental de la ONU, Angela Crooper, destacó que los sectores que más han contribuido a la pérdida de biodiversidad han sido el turismo, la silvicultura y la minería, pero son precisamente esos sectores los que ahora se encuentran más amenazados por la escasez de diversidad biológica.
“Ha llegado el momento de promover un modelo económico que posibilite el crecimiento y que cubra el consumo mundial sin dañar los ecosistemas y los activos ambientales”, subrayó.
Josh Bishop, coordinador del TEBB, recordó que no es sólo el sector primario el responsable del impacto ambiental, sino que es “una cadena de responsabilidades que se extiende por el sector industrial, el comercial y el de servicios, porque todo en la economía está interconectado”.
“No se trata sólo de evaluar el impacto, sino también la dependencia; no se trata sólo de riesgos, sino también de oportunidades; no se trata sólo del futuro, sino también del presente, y no se trata sólo de los países en vías de desarrollo, sino también de los países desarrollados”, precisó Bishop sobre los problemas derivados de la pérdida de biodiversidad.

Londres
EFE

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