Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 25 Enero, 2016

 Los subsidios a la agricultura por parte de los países ricos y algunos de ingresos medios tienen un alto costo para los países más pobres

Disyuntivas

Eliminación de subsidios a la exportación agrícola


El recién pasado diciembre, en Nairobi, la Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) logró, finalmente, aprobar algunos de los propósitos de la Ronda de Doha.
Sin duda lo más importante del “Paquete de Nairobi” es la eliminación de los subsidios a las exportaciones. El director general de la OMC, el brasileño Roberto Azevêdo señaló que este acuerdo es el más importante logro en agricultura en la historia de la institución.
El acuerdo demanda una eliminación inmediata de los subsidios a las exportaciones agrícolas de los países desarrollados, con excepción de algunos productos que la experimentarán gradualmente. Los países en desarrollo deberán iniciar su desmantelamiento en 2018.
Además, se incluyen regulaciones para limitar otros beneficios a la exportación agrícola mediante financiamiento o uso de empresas públicas, y para asegurar que la ayuda alimentaria no afecte negativamente la producción local. Los países en desarrollo gozarán de plazos mayores para acatar estas disposiciones.
Los subsidios a la agricultura por parte de los países ricos y algunos de ingresos medios tienen un alto costo para los países más pobres pues les impiden aumentar su producción y exportación originada en las zonas rurales, donde hay altos niveles de pobreza. Claro, el efecto de su desmantelamiento, al subir los precios, afecta negativamente a algunos países en desarrollo que son importadores netos agrícolas.
A pesar de su importancia, no fue sino hasta la conformación del Grupo Cairns de países exportadores agrícolas y hasta la Ronda de Uruguay (iniciada en 1986) que se trató multilateralmente el tema de los productos agrícolas. Anteriormente los países desarrollados estaban demasiado interesados en mantener su proteccionismo a ese sector y los países en desarrollo preferían defender esquemas de comercio preferencial, y no negociar reducciones multilaterales de aranceles y proteccionismo a sus productos de exportación. Por eso las rondas del GATT fueron negociaciones de reducción de aranceles de manufacturas. Por eso desde 1950 se prohibieron los subsidios a las exportaciones de manufacturas pero no a las agrícolas, y, además, los aranceles para estos productos y los textiles siguieron elevados.
En la Ronda de Uruguay, última dentro del formato del GATT, se origina la Organización Mundial del Comercio, que lanza en Doha en 2001 —con grandes expectativas— la Ronda que lleva ese nombre, para negociar los temas de subsidios a la agricultura, comercio de servicios y textiles, propiedad intelectual y compras gubernamentales.
Pero ya antes, en la Conferencia Ministerial de la OMC en Seattle en 1999 se empiezan a notar las dificultades de la negociación de apertura comercial tanto en la futura Ronda de Doha como en cuanto al ALCA, la integración comercial de las Américas, que se había propuesto en Miami en 1994. Los intereses sindicales en EE.UU., la defensa en ese país, en la Unión Europea y en Japón de los subsidios agrícolas tanto a la producción como a su exportación, las preocupaciones de países en desarrollo sobre temas de inversión, propiedad intelectual y compras gubernamentales se manifiestan desde ese momento con mucha fuerza.
Todo ello resalta la importancia de este logro que abre oportunidades para una mayor eficiencia global de la producción.

Miguel Ángel Rodríguez