Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 9 Noviembre, 2012

En las urnas el pueblo norteamericano, tan golpeado por la crisis, habló claro. Ya Obama no tiene excusas


¿Elecciones o cambios políticos?

En estos últimos meses ha habido en toda América elecciones. Hemos de alegrarnos, pues hace unas décadas lo que había eran golpes de Estado, guerras civiles o revoluciones sociales.
El que el traspaso de poder se lleve a cabo mediante elecciones es un avance en la civilización. Esto no quita que no haya plena democracia electoral en todas partes, pues en México, Guatemala, Honduras o Paraguay, no es más que demagogia.
Dentro de este contexto, se han celebrado elecciones en el Sur y en el Norte de América. Las elecciones más esperadas en el mundo fueron las de Venezuela. Han sido un ejemplo de democracia electoral; la misma oposición reconoció el triunfo de Chávez.
En México hubo elecciones pero muy cuestionadas como sucede siempre que participa el PRI, “la dictadura perfecta” como dice Vargas Llosa, aunque ahora calla.
En el resto de Nuestra América ha habido elecciones locales. En todas ha ganado la izquierda. En Brasil el PT de Lula subió un 18%. Las victorias más sonadas han sido en Río (partido aliado) y Sao Pablo, las ciudades más importantes del país.
En Chile la izquierda barrió, en unas elecciones municipales que significaron un repudio al actual gobierno de derecha. En Nicaragua los sandinistas arrasaron.
Pero las elecciones más esperadas eran las de Estados Unidos, lo cual es natural dado que sigue siendo la primera potencia política, militar y financiera del mundo. Sin embargo, estas elecciones, contrario a las de hace cuatro años, no despertaron el mismo interés, excepto en las dos últimas semanas.
Esto se debe a que Obama decepcionó porque no pudo cumplir con las expectativas que despertó. Pero ganó. Lo cual es una proeza histórica, no solo por ser negro, sino porque logró la reelección por primera vez en la historia de su país a pesar de tener más de un 10% de desempleo.
Esto no obstante, el Obama de hoy no es el mismo de hace cuatro años. Ganó bien en el colegio electoral, pero no en la elección popular donde apenas empató; ganó el Senado pero perdió los diputados; tiene un poder a medias. No tiene mandato.
Esto en cuanto al poder objetivo o institucional. Pero desde el punto de vista subjetivo o personal, Obama tiene mucho más poder. Acaba de ganar su segundo gobierno, lo cual quiere decir que no tiene ya que pensar en su reelección. Con ello, dispone de un mayor margen de acción.
Ya logró lo que quería gracias a que derrotó a los blancos (white anglosaxons). Su triunfo se lo debe a los marginados de la sociedad: negros, latinos, sindicalistas, jóvenes. Ahora debe gobernar para ellos.
No les debe nada a los poderosos lobbies que son el poder detrás del trono en Washington. De su entereza moral y de su habilidad política depende qué tipo de gobierno haga.
Porque en las urnas el pueblo norteamericano, tan golpeado por la crisis, habló claro. Ya Obama no tiene excusas.

Arnoldo Mora