Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 16 Octubre, 2015

Al menos sería de desear que las comunidades tomen conciencia de su autonomía y de su responsabilidad sin dejar todo en manos del gobierno central

Elecciones de medio periodo

El Tribunal Supremo de Elecciones hace algunos días abrió oficialmente la campaña que culminará el primer domingo de febrero próximo con la elección de quienes habrán de gobernar las municipalidades en los próximos cuatro años.
Se trata de una novedad en el sentido de que esas votaciones se separan de las que se celebran para elegir a quienes habrán de asumir los poderes legislativo y ejecutivo. Al hacer las elecciones municipales separadamente se le da un mayor realce a los gobiernos locales, lo cual constituye un avance para la democracia costarricense.


Todo lo que se haga para destacar ante la ciudadanía la importancia que tienen las municipalidades es una lección de educación cívica que mucho necesitamos los costarricenses, acostumbrados a un centralismo y verticalismo presidencialista que hoy se muestra obsoleto y perjudicial para el funcionamiento de una democracia más auténtica.
Este paso debe ser visto como la antesala de una reforma más profunda del Estado, que debe llevarnos a descentralizar y desconcentrar el poder del Estado. Ya va siendo hora de que las regiones (las provincias deben desaparecer) asuman un poder cada vez más autonómico hasta lograr crear una república federal, como lo hizo Alemania.
Ese espíritu republicano y federal hoy se impulsa en Francia y será, en mi opinión, la única salida que tendrán España con Cataluña y el Reino Unido con Escocia... Pero volvamos a Costa Rica.
Lo más importante de este cambio de fecha en las elecciones municipales es que los gobiernos locales salgan fortalecidos y, sobre todo, legitimados. Mi experiencia como ministro en este caso fue terrible. No pocas comunidades tenían entonces un concepto muy bajo de las municipalidades para lo que tenía que ver con cultura o deporte; solían recurrir al Ministerio directamente, a pesar de que el Código Municipal obliga a las municipalidades a crear comités, porque las consideraban inoperantes (por decir lo menos).
Esto ha traído como consecuencia una excesiva concentración de poder en el Ejecutivo y sus ministerios. La actual campaña electoral debe destacar el papel imprescindible de las municipalidades para el ejercicio de los derechos de todos los ciudadanos.
La democracia real comienza en el poder local, aunque hay que tomar en cuenta que la escogencia de los integrantes de una municipalidad no es como la escogencia de los candidatos para presidentes o diputados. En este último caso el ciudadano propende a votar por un partido y su programa; en el caso de los gobiernos locales los factores subjetivos (personales, familiares, amistad o enemistad) cuentan mucho.
Por eso presumo que los grandes beneficiados, electoralmente hablando, con este cambio podrían ser algunos partidos locales. Si las cosas son así, no creo que estas elecciones autoricen a verlas como un termómetro para medir la (im)popularidad del gobierno, o un anticipo de lo que serán las elecciones de febrero de 2018.
Al menos sería de desear que las comunidades tomen conciencia de su autonomía y de su responsabilidad sin dejar todo en manos del gobierno central. Si esto se lograra, habríamos dado un paso gigantesco en vistas a una democracia más auténtica y más moderna.

Arnoldo Mora