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Tras decaída en el PUSC, otros grupos intentan dar cacería a supervivientes de los “partidos tradicionales”
Elecciones 2010: todos contra Liberación
PLN se ha vuelto como una gran tienda que acapara muchos productos, mientras restantes partidos se mantienen como pequeños almacenes especializados

Luis Valverde
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Las banderas en rojo y azul azotadas por el viento dan la señal de que esta no es una casa cualquiera. Hace un par de meses ondeaban allí mismo otras en colores verde y blanco, pero los azares de la política nacional causaron la expulsión del anterior inquilino de esta esquina convertida en oficinas, al comienzo del Paseo Colón.
Todo es diferente en el comando de campaña de la Unidad Social Cristiana… su logotipo, su nombre (ahora recortado de PUSC a USC), el candidato y hasta el aire que se respira, el cual no es ni parecido al de hace ocho años, cuando allí mismo en un ambiente de mayor optimismo comandaba su lucha por la Presidencia Abel Pacheco.
Aquel de hace dos elecciones fue el último recuerdo de triunfo de la agrupación rojiazul. Hoy, a las puertas de una nueva ronda electoral, ha dejado de ser la segunda fuerza del país, con lo cual se rompió el tradicional bipartidismo que había dominado el escenario político nacional tras la revolución de 1948 y con mayor ímpetu a partir de los años 80.
Las piezas del tablero político han sufrido un fuerte reacomodo, que ubica ahora a Liberación Nacional (PLN) como el único superviviente con fuerza de los denominados “partidos tradicionales”.
Su situación se podría comparar a la de una gran tienda por departamentos, que acapara públicos de diferentes tipos y que con sus campañas —ahora utilizando otros colores distintos al tradicional verde, incluso de sus contrincantes— busca la atención de un público heterogéneo.
En sus alrededores sobreviven e intentan hacerle competencia los pequeños almacenes especializados, casi tipo boutique, Acción Ciudadana (PAC) y el Movimiento Libertario (ML), que mantienen como fieles seguidores a grupos claramente definidos de la población.
Este reajuste no es un tema exclusivo de ideologías, sino que más bien está aliado a una lenta transformación en la sociedad, así como a eventos jurídicos que han dado golpes a los cimientos del bipartidismo.
El sistema se recompuso del bipartidismo al multipartidismo… especialmente del surgimiento de actores sociales en la vida costarricense como nuevas clases medias y sectores educados de las universidades, aduce Constantino Urcuyo, politólogo y profesor del Programa de Doctorado de Gobierno y Políticas Públicas de la Universidad de Costa Rica (UCR), quien además fue militante socialcristiano.
Ante ello, el gran signo de pregunta que destella sobre la cabeza de los líderes políticos es si el PLN logrará escapar de los cazadores o si por el contrario perderá fuerza en el futuro.
“Liberación también estaba en crisis pero apareció Oscar Arias y esta se redujo. Yo me temo que esa crisis una vez que pasen las próximas elecciones va a continuar porque la verdad es que Liberación ideológicamente hoy es otro partido”, apuntó Francisco Barahona, politólogo catedrático de la UCR.
Esta visión es sin embargo debatida por los actuales líderes de la agrupación verdiblanca.
“Es un debate que hemos tenido a lo largo de años y creo que sí podemos hacerlo (mantener la fuerza)”, respondió Laura Chinchilla, actual candidata a la Presidencia por el PLN, para quien es importante efectuar evaluaciones y cambios cuando sean necesarios.
Mientras las banderas de los grupos tradicionales continúan moviéndose al vaivén de los vientos electorales, las fuerzas emergentes que buscan darles cacería han desarrollado cada una su propia estrategia. Su esperanza es que en febrero próximo logren el golpe de suerte tan anhelado desde su misma concepción.
Su visión es la de un escenario político en donde la polarización de fuerzas es la dominante incluso con la aparición de nuevos partidos.
Esto no es algo nuevo en la vida post-revolución de Costa Rica. De hecho, en las últimas dos décadas se ha superado en varias ocasiones la barrera de los diez partidos luchando por el máximo puesto para un ciudadano en Casa Presidencial.
Para febrero hay ya nueve agrupaciones inscritas, algunas de ellas con presencia en el Congreso. El secreto es haber encontrado en nichos específicos de la población (grupos religiosos, discapacitados, entre otros) un público meta ante el cual presentarse como su representante.
“Surgen nuevos actores sociales que buscan la expresión política y por esto generan partidos, en algún momento por ejemplo va a surgir un partido ambientalista, porque el ambientalismo tiene fuerza en este país… pero no sé si esto es sostenible en el futuro”, apuntó Urcuyo.




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