Logo La República

Sábado, 17 de noviembre de 2018



FORO DE LECTORES


El triste vuelo del gorrión herido

| Viernes 27 mayo, 2011


El triste vuelo del gorrión herido

“Cuando la lucha entre facciones es intensa, el político se interesa, no por todo el pueblo, sino por el sector a que él pertenece. Los demás son, a su juicio, extranjeros, enemigos, incluso piratas”.

Thomas Macaulay (1800-1859) Historiador y político británico

A lo largo de los años, los ticos hemos valorado la democracia y la hemos ido conociendo con sus virtudes y defectos; pero si de algo podemos estar seguros es que la democracia es un “bien público”, en el sentido de que tanto sus beneficios como sus perjuicios se distribuyen de manera indivisible entre todos los ciudadanos.
Para mantener la democracia viva y con buena salud, hay que ejercerla y para realizar este ejercicio tan propio de las naciones libres, la institucionalidad y el Estado de Derecho deben formar parte del escenario. Es una condición sine qua non.
Cuando elegimos presidente cada cuatro años, también elegimos diputados y diputadas, ejercicio que, en no pocas ocasiones, se ha puesto como ejemplo de libertad y democracia para el mundo entero, valores que se inculcan a los niños costarricenses desde que están en la escuela.
Pues bien, la otrora fuerte, sana y orientadora democracia, se ha convertido en los últimos años en un débil, enfermo y confuso sistema político. Pero por supuesto, la culpa no es del sistema sino de quienes lo conducen. Los responsables del poder, o de los poderes para ser preciso, se han encargado con sus actos de herir nuestro más preciado bien.
¿Qué hace que funcionarios públicos de diversos niveles tengan que enfrentar procesos judiciales denigrantes para ellos y para el pueblo por sus actuaciones u omisiones delictivas?
¿Qué hace que diputados y diputadas conviertan una sesión solemne de la Asamblea Legislativa en un solemne desastre sin precedentes en la historia del país por comportamientos políticamente inmaduros, egoístas y mezquinos?
Con estos actos tan bochornosos, propios de las cantinas de los pueblos y no del recinto del Primer Poder de la República, se ha maltratado y herido a la democracia, a la institucionalidad y al Estado de Derecho que es Costa Rica.
La democracia y la libertad valen más que todo el oro del mundo porque su riqueza es etérea y, por lo tanto, inacabable. Ni el Rey Salomón, ni Alejandro Magno podrían comprar hoy ni medio gramo de ellas.
¿Sancionarán a los diputados y diputadas responsables de estos actos vergonzosos? ¿Quién lo hará? ¿Aprenderemos algo de esto? ¿Aprenderán ellos y ellas algo de esto?
No se debe permitir que se juegue con los poderes de la República, así que alguna sanción habrá que imponer. Tampoco es conveniente para el buen funcionamiento del sistema democrático, que el Ejecutivo se inmiscuya en el Legislativo. Los diputados crearon el caos y, por orden directa de la señora Presidente de la República a la fracción de su partido, un día después, las aguas volvieron a su cauce ante la inoperancia negociadora que las extremas posiciones partidistas impedían hacerlo por ellos mismos. ¿Es esta intervención presidencial correcta para la independencia de poderes?
A pesar de que cada cuatro años cambia la agenda del país; que no tenemos un norte claro, construido y compartido por los diferentes actores de la sociedad; que no hemos sido capaces de dar pasos sostenidos hacia el desarrollo y la justa distribución de la riqueza; con todo y estos defectos, Costa Rica debe seguir robusteciendo la democracia, ese sistema que nos permite vivir en paz y con respeto a las instituciones, aunque a veces parezca que hay cazadores furtivos que le disparan, la hieren y la desangran.

Raúl Espinoza Guido
Administrador de empresas - profesor UCR