Juan Manuel Villasuso

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Martes 19 Octubre, 2010


Dialéctica

“Esto va a significar un cambio muy radical porque vamos a poner en el corazón de la cultura de nuestro país el respeto por la vida, la seguridad, la dignidad y la salud de nuestros trabajadores” (Piñera, presidente de Chile)

El rescate de los 33 mineros

El rescate de los 33 mineros chilenos que durante 70 días permanecieron en las profundidades del desierto de Atacama constituye una epopeya divulgada en directo a lo largo y ancho del planeta. Fue un acontecimiento que difícilmente podremos olvidar.
Cientos de millones de personas presenciamos en todo el mundo los reiterados viajes de la cápsula Fénix transportando hasta la superficie, uno a uno, a estos hombres cuyas vidas dependieron de la pericia y destreza de un equipo humano que trabajó intensamente durante varias semanas y que supo estar a la altura de las circunstancias.
Primero llegó Florencio Avalos. Luego fueron emergiendo los otros, cuyas vidas se nos revelaron ante las cámaras de televisión. Gente común y corriente. Padres, esposos e hijos. Futbolistas y folcloristas. Eufóricos y devotos. Personas que ante la adversidad asumieron la responsabilidad colectiva de sobrevivir, cada uno desempeñando el papel que se le asignó.
La operación San Lorenzo fue un éxito. El Presidente y sus ministros, los médicos que cuidaron de la salud física y mental de los accidentados, los ingenieros que planificaron las perforaciones, los socorristas que asumieron riesgos considerables, las autoridades civiles que apoyaron a las familias y los medios de comunicación que reportaron los acontecimientos con sobriedad y profesionalismo, todos ellos merecen el mayor reconocimiento por una labor de excelencia que deja huella allende Chile.
Muchas son las enseñanzas que pueden derivarse de este heroico episodio: la decisión política, la planificación y programación de las acciones, la capacidad de ejecución, el liderazgo, el trabajo en equipo, la disciplina y el compromiso de salvar la vida de los mineros sin importar el costo económico.
Pero más allá del hecho memorable del rescate, muchas preguntas ya se plantean sobre el derrumbe y sobre las responsabilidades de la empresa minera, que aparentemente desatendió reiterados llamados de atención sobre las medidas de seguridad que se estaban aplicando en la excavación. ¿Se incumplieron pautas y estándares de protección? ¿Falló la inspección y supervisión? ¿Eran insuficientes las normas legales vigentes?
El propio presidente Piñera ha dicho que pocos días después del accidente, a principios de agosto, conformó una comisión encargada de analizar el caso y revisar y replantear las regulaciones atinentes a la protección y seguridad de los trabajadores.
Habló de un “nuevo trato laboral”, indicando que “estamos revisado profundamente la legislación, los reglamentos, los procedimientos, los estándares y los mecanismos de fiscalizar (el sector laboral) para que nuestras leyes y condiciones se cumplan”. Añadió que “esto va a significar un cambio muy radical porque vamos a poner en el corazón de la cultura de nuestro país el respeto por la vida, la seguridad, la dignidad y la salud de nuestros trabajadores”.
Si este afortunado desenlace del lamentable accidente de la mina San José generó una extraordinaria corriente de admiración hacia Chile por el valor, el talento y la capacidad de su gente, estoy seguro de que esa admiración y respeto será mucho mayor si dentro de poco tiempo se cumple la promesa del “nuevo trato laboral”, que podría servir como modelo para todas aquellas naciones en las que la institucionalidad no protege adecuadamente a su población trabajadora.
La misión de rescate fue cumplida a cabalidad, pero en el turno que Luis Arzúa entregó a Sebastián Piñera quedan tareas pendientes.

Juan Manuel Villasuso