Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 30 Enero, 2015

Es claro que un Procurador de la Ética de oposición al Gobierno a ninguna administración agrada


Sinceramente

¡El Procurador de la Ética!

En el corazón de toda la discusión sobre la Procuradora General de la República y el antiguo Viceministro de la Presidencia, en el asunto en el que hay concordancia de ambos involucrados es en el tema del nombramiento del Procurador de la Ética que fue el corazón de la conversación oficial e institucional de la Procuradora y el Viceministro.
Ambos coinciden en lo dicho. Ambos señalan que una pensaba nombrar al nuevo Procurador de la Ética con un ascenso de un funcionario interno y otro transmitía el deseo del Presidente de Costa Rica en persona, de nombrarlo por concurso.
El Procurador de la Ética jugó un papel muy político en contra del Gobierno Arias y del Gobierno Chinchilla.
El Gobierno Solís esperaba presuntamente contar con la actitud benefactora de quien se retiró y me imagino que teme que llegue alguien, con definición partidaria, como el antiguo Procurador de la Ética, que haga incómodas sus actuaciones.
¿Qué es ética? ¿Para qué tenemos un Procurador de la Ética?
En nuestro país no hay un “Código de Ética costarricense” para poder juzgar violaciones a la ética nacional. Los valores y la diferenciación entre el bien y el mal de origen cultural y religioso derivan más bien de la moral. Esos valores sociales son los que inspiran las leyes y se plasman en ellas.
¿Para qué un Procurador de la Ética? Este funcionario debería llamarse un Procurador de la Legalidad Pública, ya que es sobre la ley que todos tenemos obligaciones. Es la ley la que nos iguala a todos y allí sí hay un Código Penal y un Código Procesal Penal. La ley es la norma ética más elevada de la sociedad. Si los ciudadanos juzgan que la ley no es suficientemente exigente pueden cambiarla, pero es con la ley que nos juzgan a todos en un país.
El Procurador de la Ética Pública no es un juez de conciencia ni puede serlo. El Procurador no es un sacerdote supremo ni por asomo. En todo caso un sacerdote de qué religión, en una Costa Rica que profesa muchos credos y opera miles de iglesias católicas y protestantes, sinagogas y dos mezquitas, amén de los ateos.
Si va a juzgar de conciencia estaríamos enfrentados a un espíritu de linchamiento, ya que la conciencia del Procurador se basa en sus convicciones y no admitiría prueba en contrario. Eso es totalitario. Es Torquemada y la Inquisición de nuevo.
Es claro que un Procurador de la Ética de oposición al Gobierno a ninguna administración agrada. Es claro que el fenómeno de politización ya se ha dado. Es claro al menos en la percepción social de los acontecimientos que esta Procuraduría es un arma para agredir la legitimidad del liderazgo político nacional sin apelación alguna.
Con razón tanto esfuerzo y sigilo por acercarse a la Procuradora General de la República y convencerla de no ascender a un Procurador que no tuviera la previa bendición del Presidente. Requerimos un gran profesional, íntegro y apolítico que desempeñe ese cargo. Seamos serios, ya es suficiente maniobra y juego.

Emilio R. Bruce

Profesor
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