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Miércoles, 12 de diciembre de 2018



EDITORIAL


El problema no es el modelo sino quienes lo ejecutan

| Miércoles 13 agosto, 2014



Una de las concesiones con mayor éxito en el país, es la de Puerto Caldera. Eso demuestra que no es el modelo el problema sino en qué condiciones se firma un contrato de este tipo y cómo se cumplen


El problema no es el modelo sino quienes lo ejecutan

Como se sabe, las empresas privadas no pueden permitirse tener gerentes y jefes que apliquen políticas y gestiones que lleven a la ineficacia a sus compañías. Lo saben y se cuidan mucho de no caer en ello.
La clase política costarricense que ha gobernado el país en las últimas décadas, sin embargo, sí lo hizo. De no haber sido así tendríamos hoy un Estado no demasiado grande pero sí muy eficiente a un menor costo.
Es necesario pues, dejar de ver y mencionar al Estado como si fuera un ente abstracto que por extrañas leyes desconocidas se mueve hacia un buen o un mal desempeño.
Las instituciones son lo que sus jerarcas, nombrados por los políticos de turno, han hecho con ellas. Este es uno de los grandes retos de la presente administración.
La reflexión surge luego de leer una nota de este medio ayer, que nos muestra un ejemplo de buena gerencia. “Uno de los modelos de concesión con mayor éxito en el país”. Así calificó la nota al Puerto de Caldera.
Al cumplir ocho años, la empresa concesionaria colombiana Sociedad Portuaria de Buena Ventura, está lista a iniciar pronto operaciones de un nuevo muelle para el desembarque de granos y para una mayor cantidad de contenedores.
Con una inversión de más de $55 millones ha realizado ya pagos al Estado y a las municipalidades de la zona por valor de $37 millones.
Se trata este, como se ha dicho, de uno de los modelos de concesión con mayor éxito en el país, lo cual demuestra que no es el modelo el problema sino en qué condiciones se firma un contrato de este tipo y cómo se cumplen.
Hemos tenido verdaderos vía crucis en el país a causa de concesiones mal hechas que luego no fueron exitosas por fallas tanto de la concesionaria como del Estado. Falta de presupuesto, atrasos en expropiaciones y una larga lista de causas han convertido las obras concesionadas en problemas en lugar de soluciones por muchos años.
Llegó a parecer casi normal, por ejemplo, que una concesión fallida por causas atribuibles tanto al concesionario como al Estado, fuera traspasada a otra empresa, lo cual tampoco significó el resultado esperado en el tiempo correcto. Este tipo de gestión, además de demorar por años las obras hizo que aumentaran los costos.
Por eso vale la pena la reflexión. Lo hemos dicho en otras oportunidades y vale repetirlo: solo tomando en cuenta errores del pasado podemos aprender para no volverlos a cometer. Concesionar, en algunos casos, puede ser bueno para el país, pero debe hacerse bien.