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Viernes 17 Agosto, 2012

El problema está en el gasto

Los más recientes resultados macroeconómicos parecen indicar que la situación actual del país no es tan grave como muchos la perciben. Esto sin lugar a duda es bueno pero vale la pena cuestionarse cuán sostenible es este escenario en el tiempo y es en este momento que coincido con las autoridades del Banco Central cuando dicen que no será sostenible mientras no se solucione el problema del elevado déficit fiscal.
Un déficit fiscal del sector público desmedido provoca graves consecuencias, tanto a corto como a mediano plazo y estas, por supuesto, inciden sobre el desarrollo del país. A corto plazo, la más evidente es la presión del déficit sobre las tasas de interés provocado por una emisión de deuda del gobierno a tasas cada vez más elevadas. A mediano plazo las consecuencias pueden ser aún más graves pues este endeudamiento de hoy implica una carga tributaria mayor en el futuro.
El déficit fiscal solo puede financiarse de tres maneras: impuestos, inflación y endeudamiento. Al final las tres opciones no son nada más que formas distintas de impuestos. El endeudamiento se traduce en impuestos a futuro y la inflación es el más nefasto de los impuestos pues es el que más resienten las clases de más bajos recursos.
Es necesario dejar de buscar soluciones para financiar el déficit pues estas siempre se traducen en más tributos y ponen en riesgo el crecimiento económico. Lo que se debe hacer es buscar soluciones para eliminar el déficit y esto solo se puede lograr por medio de una disminución en el gasto del gobierno. El actual déficit fiscal no es un problema de falta de ingresos sino un problema de exceso de gasto. El gasto del gobierno sigue creciendo a niveles superiores al crecimiento económico y a la inflación, esto es lo verdaderamente preocupante. Es necesario parar los excesos y establecer la responsabilidad fiscal como uno de los principios más importantes de este y todos los demás gobiernos en el futuro.

Para lograr esto, no solamente es necesario exigirles a las autoridades gubernamentales que se reduzca el gasto pues la culpa le pertenece también a una gran parte del pueblo y la creencia de que el gobierno debe tener injerencia en todas las actividades de la economía. Un error común es hablar del gobierno como si fuera una persona que puede incurrir en gastos sin costo alguno para nadie. La realidad es que todos pagamos los gastos gubernamentales por medio de impuestos. La exigencia popular de que el gobierno solucione todos los problemas provoca la llegada al poder de políticos anuentes a gastar cada día más. En los puestos públicos, al ser transitorios y al manejar siempre dinero ajeno, existen todos los incentivos para gastar y muy pocos para ahorrar y producir.
Para poder lograr un crecimiento económico sostenido en el tiempo es primordial detener el gasto excesivo y contar con un estado eficiente, limitado y comedido. Para ello es necesaria la labor fiscalizadora y responsable de todos los ciudadanos.

Arturo Rosabal Arce
Industrial