Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 4 Enero, 2016

El primer lunes del año

Por supuesto que del último día del año al primero del siguiente nada cambia excepto la fecha. Sin duda podemos desacralizar el ceremonial de fin de año y desacreditar las supersticiones ligadas al Año Nuevo.
Yo, atea confesa y luchadora permanente anticreencias no científicas, reconozco que, algunas veces, he caído en la superstición “findeañera”. Y el pasado 31 de diciembre de 2015 me encontró asumiendo algunas cábalas.
Le hice caso a mi hermana Gaby y me bañé en pétalos de rosa amarillos con agua de rosas. Acaté la tradición familiar paterna y argentina que blandía mi tía Dedée y estrené ropa interior rosada. Me gustó asumir el rito de bailar con alegría, atragantarme con 12 uvas y escoger varios deseos.
Antes recordé los sucesos más significativos que viví durante 2015. Aunque para mí fue un año difícil física y emocionalmente, pude rescatar algunos momentos felices y todos fueron en compañía de mis afectos.
Soy la menos indicada para dar consejos de vida pero puedo compartir con ustedes algunos de mis propósitos de fin de año. Después de todo hoy es el primer lunes del año y, por lo tanto, un excelente día para empezar lo que sea.
Mi primer propósito será reunirme más seguido con las personas que quiero. Como son muchas a veces no logro compaginar agendas. Pero si los encuentros con la familia y amigos me hacen tan feliz, duplicaré las celebraciones.
Por supuesto, y sé que muchos comparten esta intención, procuraré hacer más ejercicio. No, no me gusta, me hace feliz solo cuando termino de hacerlo, pero sé que es indispensable para la salud.
Y, siguiendo con el tema de la salud, y seguro que también muchos coincidirán conmigo, intentaré comer aún más saludable y, sobre todo, tomar los dos litros de agua diaria que me recetaron. Afortunadamente ya no tengo que pensar en dejar de fumar porque hace poco más de un año que lo hice.
Espero poder ir varias veces a la playa, leer más y sacar un par de horas diarias para escribir.
Estos propósitos son relativamente fáciles de cumplir aplicando constancia y disciplina; otros nos cuestan mucho porque para practicarlos debemos modificar características de nuestra personalidad que tenemos muy arraigadas.
Así que cuando pienso que debería ser más alivianada, menos estresada, no sufrir tanto, aprender a decir “no” e intentar el optimismo, me preocupa no llegar a lograrlo. Aunque de todas maneras lo intentaré por mi bien y el de los que me rodean.
Dicen que las posibilidades de lograr que nuestros propósitos se cumplan aumentan si los leemos en voz alta compartiéndolos con alguien. Yo lo hice, además, se los conté a ustedes y los dejo por escrito esperando que en diciembre de este año pueda leer esta columna con la satisfacción de las tareas cumplidas. Que así sea.

¡Feliz 2016!

 

Claudia Barrionuevo

 

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