Vladimir de la Cruz

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Miércoles 9 Abril, 2014

Luis Guillermo recupera dignidad a la Primera Magistratura


Pizarrón

El Presidente más poderoso desde 1949

De las elecciones del pasado domingo se pueden decir muchas cosas y hacer muchos análisis. Eso no ha concluido. Se ha descubierto una veta política inexplorada para el futuro de la realidad política electoral del país, que impacta actores, dirigentes, partidos, gestores de opinión, analistas, encuestadoras, politólogos o historiadores que ya fueron sacudidos.
El triunfo de Luis Guillermo Solís Rivera sobrepasa cualquier expectativa hecha antes del 2 de febrero.
Fue un triunfo personalísimo, de su capacidad, su inteligencia emocional política, su comunicación gestual, de calor humano que supo transmitir, de sensatez y tino en las intervenciones políticas en que participó.
Fue destacando poco a poco con cultura y conocimiento, eso también le subió su simpatía y empatía con el electorado, que le izó el termómetro electoral, de su humildad no vista en procesos electorales anteriores llegando a pedir disculpas públicas al candidato que se preveía ganador, de su mimetismo con sectores populares y el imán que atrajo las distintas capas medias dejando al desnudo y sin bases sociales al Partido Liberación Nacional (PLN) y a su candidato, que no despegó de los límites de los Cementerio Obrero y Calvo, lo más cerca que tuvo el PLN de base social, mientras Luis Guillermo remontó como un Águila Calva o un Cóndor californiano en todo el territorio nacional.
El 2 de febrero se encontraron 13 partidos, luchando todos contra todos. El PLN lo hizo contra dos candidatos, más como personas que como partidos, descuidando al candidato del PAC que logró apropiarse del centro político y hacer gravitar alrededor suyo, el 6 de abril, a todo el espectro político y más de la primera ronda.
El resultado del 2 de febrero fue de un 29% a favor del PLN, un 31% a favor del PAC y de un 71% de electores que no votaron por el PLN, y el 6 de abril aumentó al 77% en contra del PLN y su candidato, castigándolo además por la desfachatez política de su retiro de la lucha electoral y las ofensas infringidas a los liberacionistas que trabajaban por el PLN y a los que les dieron sus pocos votos cuando el candidato se mostraba descansando en la playa, o el mismo 6 de abril su señora haciendo ejercicio y el candidato rezando y leyendo el periódico en la cama mientras los voluntarios del PLN abrían urnas, un insulto político a las bases liberacionistas y a los electores en general con su despachurradera por no vincular la lengua con su cerebro (¿?).
Luis Guillermo se convirtió en el Presidente más votado, más de 1.300.000 electores, casi un millón de votos más sobre su contrincante, es el Presidente de la Segunda República, desde 1949 con más alto porcentaje obtenido, un 78%, el sétimo con mayor porcentaje desde 1889, el que logra un 43% del padrón electoral y gana todos los cantones y provincias, que triplica en votos y porcentaje las provincias que había perdido.
Su discurso no fue clientelista, sí directo, claro y preciso. El elector sabe a qué atenerse. Luis Guillermo recupera dignidad a la Primera Magistratura.
Los otros partidos y grupos legislativos deben entender el resultado del 6. No afilar cuchillos ni sacar baterías. El electorado mandó un mensaje claro: no obstaculizar la gestión de gobierno sin renunciar a la crítica o al control político. Sus votantes son su fortaleza, son la Costa Rica que espera cambios… Hay que darle la oportunidad con responsabilidad.


Vladimir de la Cruz