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¡El premio del hambre!

¿Cuándo logra una empresa pequeña o un equipo deportivo vencer a un competidor con muchos más recursos y fama? ¿Qué tienen en común los mal llamados “pequeños” que derrotan a los “grandes”? Claro, el título de esta columna insinúa las respuestas, pero qué tal si las ilustramos con un ejemplo y rescatamos sus enseñanzas para las organizaciones que dependen de la voluntad de sus miembros para competir y ganar.
En España, el Alcorcón, equipo de “tercera” división, venció 4-0 al poderoso Real Madrid, que tiene un presupuesto 400 veces mayor. Los “David” juegan, trabajan y estudian; su estadio tiene una capacidad de apenas 4.500 personas comparado con los 80.000 del Bernabéu de los “Goliat.”. ¿Cómo eliminaron de la Copa del Rey al mejor equipo del siglo XX?
La respuesta la resume Juanma, su portero: “Es un triunfo de la gente normal. Estas cosas hacen al equipo. Cuando estuve en el Atlético… los jugadores llegaban al campo, se entrenaban y luego se largaban a sus casas. No había convivencia, ni esa relación de amigos. Nosotros lo somos. Nos miramos a la cara y sabemos quién está preocupado por algo. Le intentamos ayudar, siempre entre todos. Es algo especial. En Segunda B la gente se vuelve más casera, más humilde. La gente a su alrededor la pasa mal, y eso hace que no sólo se vean a sí mismos, sino también al de enfrente.”
Los de Alcorcón tuvieron hambre de gloria y cristalizaron sus sueños porque basaron la constitución de su equipo en la solidaridad, la amistad verdadera y el disfrute de los retos. Demostraron que el poder de un equipo no está en los nombres sino en ser personas sencillas que aman lo que hacen y luchan unidas, sin excusas ni descansos para apoyarse unos a otros en los buenos momentos y en los otros. ¿Lecciones sencillas? Sí, pero frecuentemente olvidadas.
El rival más peligroso de quienes logran dar pasos exitosos en el mundo de las empresas y del deporte casi nunca está al frente sino dentro de sus propias mentes, cuando olvidan sus raíces, sus razones más poderosas para haber elegido una profesión o trabajo, y cuando la humildad es tan solo una palabra necia que les habla desde su pasado. Allí empiezan a confundirse los pequeños logros y el éxito verdadero.
Juanma pasó un año sin equipo, y había sido portero del Atlético; sin embargo, argumenta que la clave es no perder jamás la ilusión por lo que nos gusta hacer. Según él, los problemas empiezan cuando esa ilusión es sustituida por distractores como la fama y el dinero. Y agrega: “Ellos llegaron a Alcorcón sin saberse nuestros nombres, ni quiénes éramos. Al final, si se menosprecia al rival, pasa lo que pasa”.
Hambre por ganar, ganar por pasión, pasión por lo que se hace, y luego: ¡Vencer, la recompensa!

German Retana
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