Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 28 Mayo, 2010


El precio de una alianza


Nunca, desde que yo tengo memoria, ha habido tanta convergencia de las más diversas opiniones personales, tendencias ideológicas o agrupaciones de fuerzas sociales, como en el inicio de este nuevo gobierno en lo referente al rechazo total del incremento del salario, votado por amplia mayoría y en beneficio propio, por parte de los diputados. Por obra y gracia de esa obtusa mayoría de “padres de la Patria”, se logró lo que nadie parecía hasta el momento haber logrado, ni siquiera el mesiánico Premio Nobel de la Paz, como es haber alcanzado la UNANIMIDAD O “EL CONSENSO”.
Por primera vez en tiempos recientes, prácticamente todos los costarricenses excepto 35 hacinados en el recinto parlamentario rechazaron a una voz como Fuenteovejuna, una decisión política tomada atropellando normas procedimentales vigentes en el derecho parlamentario. Si un mérito les cabe y lo digo sin ironía a esas señoras y señores diputados es haber logrado que los cuatro millones y medio de compatriotas se pusieran de acuerdo tan rápido y sin condición alguna.
No sin cierta sorpresa, los costarricenses hemos visto a Albino Vargas, reconocido y beligerante líder sindical, y al señor Manuel Rodríguez, presidente de la Unión de Cámaras, unirse codo con codo en la misma trinchera encendidos en patriótica ira, para rechazar con idéntica indignación, el mencionado aumento.
Pero nunca falta un pero no sin cierta decepción, siento que Doña Laura (al menos hasta el miércoles por la mañana, en que se escribe esta columna) está perdiendo liderazgo y hasta cierto punto, respeto, por su falta de firmeza ante las pretensiones diputadiles. En la conferencia de prensa semanal fue el Ministro de la Presidencia el que habló para reiterar que la Presidenta no había cambiado de opinión, por lo que su posición era la misma asumida en Madrid. Pienso que la mayoría de los costarricenses esperábamos una posición mas definida y contundente dada la evidente radicalización y casi unanimidad de un pueblo que la eligió por amplia mayoría porque le había prometido “firmeza y transparencia” en toda su gestión.
Ante tan insólita y dramática situación al inicio mismo de un nuevo gobierno, cabe preguntarse por qué los diputados en su mayoría han dado oídos sordos a este masivo y vehemente clamor popular.
La interpretación que daré es, ante todo, válida para la bancada oficialista. La única respuesta que he encontrado es que este aumento desvergonzado constituye una condición aceptada por el Partido Liberación incluida doña Laura para que se diera la alianza con los libertarios. En otras palabras, fueron estos últimos los que impusieron esta condición y el gobierno sobre todo, su bancada parlamentaria, la aceptó alegremente.
Lo anterior, más que corrupción, denotaría ignorancia supina de la sensibilidad de nuestro pueblo. La mayoría de los políticos tradicionales de este país muestran una preocupante y crasa ignorancia del pueblo que pretenden gobernar. Con ello se están revelando como los mayores enemigos de la democracia costarricense. Ignorar equivale en este caso a despreciar. Y esto es lo que han mostrado los partidos tradicionales, especialmente el que ha ganado las elecciones últimas y disfruta de la mayor cuota de poder y, con ello, de responsabilidad.
Ante esta evidente e insólita ineptitud de los gobernantes actuales, solo puede haber un “deus ex machina” que los salve y es la Sala Constitucional. Sin embargo, el pueblo costarricense debe aprender la lección: nunca más confiar los destinos de la Patria a semejantes ineptos.

Arnoldo Mora