Claudio Alpízar

Claudio Alpízar

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Jueves 25 Agosto, 2016

En Costa Rica urgen partidos políticos fuertes como sustento de la democracia. El primero que debe mostrarse y dar el ejemplo es el PLN por ser el más histórico y la fuerza que aglutina más afiliados

SIN TREGUA

El PLN en su laberinto

Para un partido político es más factible recuperarse del error político que del ridículo político, pues este tiene una fuerte carga de desapego por lo importante y avergüenza a sus seguidores.
El ejercicio del poder desgasta. Por eso un partido que ha gobernado debe dar mayores cuentas de gestión que sus opositores, que potencializarán los errores hasta magnificarlos para así sacar réditos electorales.
La historia del PLN solo registra una vez alejado por dos periodos del Poder Ejecutivo (1998-2006); momento en que las luces de alerta se encendieron para buscar una buena carta para enfrentar las elecciones 2006. Con la posibilidad de reelección surgió Óscar Arias, quien con su gobierno 1986-1990 no solo fue un punto de inflexión en el pensamiento del PLN, sino que, además, había dejado satisfacción con su gestión nacional e internacional. Hoy temen que se repita el evento de entonces.
Aquellas elecciones no fueron nada fáciles. El PLN se encontraba de “vacas flacas”, se avizoraba el rompimiento del bipartidismo con la aparición del PAC y la caída del prestigio de la política. Tan difícil fue que apenas aruñó un 28% de la votación del padrón, que se convirtió en el requerido 40% del voto válido emitido para triunfar gracias al más alto abstencionismo de nuestra historia (34,8%).
En las elecciones 2010, la percepción inicial de una buena administración Arias (2006-2010) permitió la reelección del PLN. La administración Chinchilla (2010-2014) cometería errores políticos de “bulto” que se sumaron a las críticas a posteriori a su antecesor y que serían tema central en la derrota de 2014. Aun con todo esto, nunca tan cerca estuvo el PLN para lograr gobernar por tres periodos consecutivos, más con la atomización de la oposición, que luego —curiosamente y sin querer— aglutinaría la antipatía por el PLN.
El PLN enfrentó el último proceso electoral agrandado y engañado, pensando que ganaría con facilidad, caminando. Menospreciando a los adversarios, obviando las buenas propuestas, fueron displicentes con la furia ciudadana y obstinados con mantener el statu quo. Además, con un candidato que desde cualquier costado que se le mire no reunía los atestados de formación, discurso, prestigio e intelectualidad acostumbrados por ese partido.
El PLN pasó raspando a la segunda ronda electoral con la votación más baja de su historia, condimentada con el espectáculo del retiro de la competencia, el ridículo más penoso de nuestra historia electoral, que se justificó con la mampara electorera de una propuesta de “gobierno nacional”.
Hoy el PLN se debate entre un cambio de ideario y la renovación de caras que le refresquen un tanto su imagen. Lo que es más urgente que el cambio del color verde de su bandera.
En Costa Rica urgen partidos políticos fuertes como sustento de la democracia. El primero que debe mostrarse y dar el ejemplo es el PLN por ser el más histórico y la fuerza que aglutina más afiliados, aun con la disminución sustancial del caudal de antaño.
Tarea que no pasa por tener muchos candidatos, sino por tener ideas comprometidas y un buen candidato para la actualidad, como única forma de retomar la credibilidad ciudadana; a sabiendas de que nunca una elección es igual a otra —aunque se repitan los candidatos— porque cada coyuntura política tiene sus particularidades que diferencian las exigencias ciudadanas al emitir su voto.