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Martes 26 Marzo, 2013

Con los asaltos y accidentes de tránsito tenemos de sobra, pero hay otros peligros que se presentan por irresponsabilidad colectiva


El peligro de ir a la calle

Los peligros en la calle son más de lo que podríamos imaginar. Sólo con los asaltos y accidentes de tránsito tenemos de sobra, pero existen otros que se presentan por irresponsabilidad colectiva entre el Estado y nosotros.
El inicio de la primavera nos sorprende con calores insoportables que nos tienen caminando por las calles desesperados, irritados y muy distraídos, y esto puede ocasionar que se nos pase tomar en cuenta que, en la ciudad, hay trampas donde podríamos tener accidentes serios.
Comencemos por las alcantarillas sin tapa, robadas estas por el hampa. Una persona puede caer en lo profundo ocasionándose daños frecuentemente irreparables. Por ejemplo, una fractura se puede complicar y ocasionar la muerte.
Inexplicablemente, ni la municipalidad ni el gobierno se preocupan por lo que pasa y la policía, que conoce a los “topadores”, se hace de la vista gorda.
Agreguemos los trabajos que hacen todos los días el ICE y AyA, que por lo general, al finalizarlos, no se preocupan por restablecer el cemento para dejar aceras y calles en perfecto estado.
Las personas entonces tropiezan y caen en los escombros. Pronto vendrán las lluvias volviendo resbalosos los pavimentos cuando el agua no se puede ir a los drenajes, por lo general, taponados u obstruidos por la basura y la gente se desliza con facilidad cayendo al suelo.
En esta época, los carros al frenar colean, algunos pierden el control y suben a las aceras con consecuencias lamentables.
Con las primeras lluvias, las personas corren desesperadas huyendo del agua y cometen errores y accidentes, como atravesarse a los vehículos. Durante esta época, oscurece más temprano y la luz artificial no es suficiente.
Con poca policía de tránsito, los conductores irrespetan los límites de velocidad aumentando las imprudencias, en especial, si quienes conducen lo hacen bajo los efectos del licor y otras drogas.
Tenemos peligros motivados por nuestro sistema de semáforos. Algunos no están coordinados, ocasionando que los conductores irresponsables se los “brinquen”, cometiendo accidentes con pérdidas materiales y humanas. Las personas salen a la calle distraídas, fijándose en qué está bueno y qué hay malo para no tropezar y son sorprendidas por los asaltantes, maleantes que creen que despojando a otros pueden resolver sus problemas, generalmente, para satisfacer sus vicios.
El asaltante no mide las consecuencias y, en su desesperación, puede hacer un daño grave. Actúan así por la falta de valores que tanto hemos perdido en este país, otrora oasis de paz y libertad.
Los niños y los adolescentes tienen peligros en las calles y son ellos, precisamente, quienes tratan de conseguir cada vez más independencia. Para un adolescente, la calle es aventura, pero nosotros los adultos, y los padres de familia, tenemos que saber que una puerta abierta conduce a un sinfín de riesgos.
En la calle hay guaro, drogas y prostitución, entre otros males a tomar en cuenta. Estamos obligados a adoptar medidas como acompañar al niño y al adolescente, hasta donde sea posible, al colegio y sus fiestas.
En los semáforos, enseñarles a cruzar solo cuando la luz verde esté presente y, al oscurecer, pegarle bandas fluorescentes en los bultos y sus capas. A las personas de edad avanzada lo mejor es acompañarlas cuando tengan que ir a la calle.

Eliseo Valverde Monge
Médico