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COLUMNISTAS


El país varado

Alvaro Madrigal [email protected] | Jueves 09 junio, 2016


 Es sorprendente cómo este país que hace pocas décadas sobresalió por sus estándares sociales, hoy exhibe villas y ciudades donde el agua ya no llega sino unas cuantas horas al día

De cal y de arena

El país varado


O no hay estudios; o si los hay, faltan recursos presupuestarios; y si se cuenta con ellos, se interpone la tiranía de los incisos o el gobierno de los mandos medios. Así es como nos vamos enredando en nuestros propios mecates hasta quedar varados. La consecuencia directa lleva las características del grave deterioro social que se manifiesta en la pérdida de calidad de vida. Es sorprendente cómo este país que hace pocas décadas sobresalió por sus estándares sociales, hoy exhibe villas y ciudades donde el agua ya no llega sino unas cuantas horas al día. Propio del cuarto mundo, tanto como que no se dispone ni de los estudios hidrogeológicos imprescindibles para determinar la realidad de las fuentes y reservas de agua, amén de que el ente comisionado al efecto, SENARA, esté inmovilizado por una acción interpuesta ante la Sala Constitucional, quizás adormilada allí. Un reportaje del diario La Nación revela algo peor: según SENARA aunque no existiera la acción, faltan fondos. Es lo que la presidenta de Acueductos y Alcantarillados llama la ingobernabilidad en el tema del agua, donde esta sociedad está perdiendo tiempo valioso para proteger los mantos acuíferos. ¿Cuántas poblaciones no reciben agua durante varias horas del día? ¿Cuántos empleos se han perdido porque sin agua las inversiones se ahuyentan?
Es como la tragicomedia en el campo de la infraestructura carretera, principalmente en la red vial del centro neurálgico de la economía nacional donde todos los días se presenta un descomunal atasco. Hay un crecimiento desorbitado (y fomentado) del parque vehicular pero la carretera de circunvalación de San José sigue inconclusa. Ni qué pensar del segundo anillo periférico, de seguro condenado a padecer la inercia burocrática que ha entrabado la radial a Heredia, la interconexión Zapote-Curridabat, la carretera a San Ramón, el enlace de Chilamate con San Carlos y la reconstrucción entre Río Frío y Limón, vitales para el movimiento de carga por el principal puerto nacional. ¿Y el desatino que entraba las decisiones en torno al ferrocarril? ¿Y el penoso fracaso del Proyecto Limón Ciudad Puerto?
En junio de 2015 el ex ministro de Obras Públicas, Rodolfo Silva, escribió unas reflexiones sobre esta complicada deformación cultural del costarricense que nos arrastra a postergar tareas vitales para el desarrollo económico y social. Emprendimientos principales como los que promovieron en Limón/Moín y en Caldera dos visionarios costarricenses —Jorge Manuel Dengo y Carlos Espinach— se complementaban con subsiguientes etapas de obra civil que se quedaron en el papel por más de 25 años en razón de la aparición en escena de la “tiranía de los incisos” y de la “sabiduría” de los burócratas, suficientes para estorbar los procesos licitatorios y la disposición de los fondos facilitados por gobiernos cuyos funcionarios palidecían ante aquel desconcierto. Sin inteligente manejo del agua y aplastados por la negligente gestión en el grueso expediente de la infraestructura vial, vamos a terminar asfixiados por la montaña de problemas irresolutos. ¡Una historia de horror!, como dijo el Ing. Silva.

Álvaro Madrigal


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