Bruno Stagno

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Lunes 29 Agosto, 2011


El ocaso de los amigos de Ortega


Aunque Trípoli está a unos 10.075 kilómetros de San José, la toma del cuartel de Bab al-Aziziya por los rebeldes que conforman esa amalgama llamada el Consejo Nacional de Transición, puede encerrar malas noticias para Costa Rica. Independientemente del destino que aguarda a Gadafi, lo acontecido en Libia puede inducir A reacciones impredecibles en nuestro vecino más incómodo, Nicaragua.
El Presidente Daniel Ortega ha cultivado amistades muy particulares, para decir lo menos. Si bien siempre tuvo algunos amigos que han estado económica e ideológicamente quebrados desde hace algún tiempo, varios de sus amigos sobre todo los más dispuestos a financiar sus aventuras más descabelladas o aquellas que confunden lo estatal con lo personal, han caído en desgracia o penuria.
El barril de petróleo nunca superó los $200 como había pronosticado con regocijo Hugo Chávez en 2008.
En Libia, el desenlace final difícilmente será favorable a Gadafi, quien terminará en un palacio en el exilio o un cementerio, o en una celda cerca de las dunas de Scheveningen o de las torturas de Abu Salim.
En Siria, Al-Assad ha emprendido el mismo camino que su par en Libia, aunque aún no ha perdido todos los apoyos que lo sustentan tanto al interior como al exterior. Mal que mal, cualquier cambio en Siria tiene implicaciones mucho mayores que el fin de la era Gadafi, lo que explica las diferencias que existen en el tratamiento de ambas situaciones de parte de la comunidad internacional.
En Irán, Ahmadinejad ya no cuenta con el apoyo irrestricto de los ayatolás, y ha tenido que recurrir a la violencia para atemorizar a las multitudes que se movilizaron durante la llamada Revolución Verde. Aunque aún no ha sentido toda la ira de Jamenei, y por más imprudente que siga siendo su interacción con el mundo exterior, ahora tendrá que ser más prudente en su relación con los mujtajids que co-gobiernan la república islámica.
Todos estos amigos de Ortega tienen petróleo, en mayor o menor medida, único sustento que les ha permitido eternizarse en el poder. Por ello, uno de los aspectos más interesantes de lo transcurrido en los últimos meses es como Arabia Saudita, el verdadero árbitro detrás de la fijación de precios en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), se ha distanciado públicamente de los amigos de Ortega. La ruptura con Libia y Siria son particularmente elocuentes, así como la intervención en Bahréin con el fin de contener la influencia de Irán.
Aunque todavía es muy temprano para cantar victoria, parece que el ocaso de los amigos de Ortega ha iniciado.
Si bien estas son buenas noticias, la pérdida de tales apoyos y socios probablemente lo llevarán a sentirse más aislado y debilitado. A sabiendas de su inagotable capacidad para provocar distracciones con fines políticos internos, y ante las venideras elecciones presidenciales, no es de sorprenderse que Ortega reanude sus agresiones hacia Costa Rica.

Bruno Stagno Ugarte
Executive Director
Security Council Report,
Exministro de Relaciones Exteriores de Costa Rica