Bruno Stagno

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Lunes 2 Junio, 2014

Con base en las primeras acciones y declaraciones del Presidente en lo que concierne a nuestras relaciones con nuestro vecino más incómodo, parece tener el norte claro


El norte inconcluso

Todo llega a su fin: afortunadamente la administración Chinchilla Miranda no fue excepción. Su escurridiza entrada y salida por la puerta trasera del Estadio Nacional el pasado 8 de mayo, y fugaz aparición en la ceremonia del traspaso, son más elocuentes que las encuestas que ubican al gobierno saliente como el peor evaluado de todos los tiempos (o al menos, aunque de poco consuelo, desde la administración Carazo Odio).
Después de autoproclamarse “firme y honesta”, llegada la hora de la verdad Laura Chinchilla Miranda optó por no dar la cara. Pero más grave aún, pasó a la historia como la primera mandataria en entregar la república incompleta, y no en términos figurativos.
Como ha sido costumbre, el 8 de mayo 2010 heredó una república territorialmente íntegra, con todos sus 51.100 kilómetros cuadrados.
Sin embargo, el pasado 8 de mayo la entregó incompleta y sujeta a procesos jurídicos aún en curso. La invasión de Isla Portillos, perpetrada tan solo 164 días después de inaugurado su gobierno, fue el resultado de incomprensibles yerros cometidos de este lado de la frontera por la aún incipiente administración Chinchilla Miranda y de predecibles excesos ideados del otro lado por nuestro vecino más incómodo: lo primero haciendo factible, sin justificar, lo segundo.
A pesar de haber contado con 1.296 días para enmendar esta burda violación a nuestra soberanía, la administración resultó incapaz de disipar el limbo que aún pesa sobre parte de nuestro territorio.
Inició una trocha fronteriza como supuesta respuesta para defender la soberanía nacional ante futuras agresiones externas, pero fue incapaz de iniciar la obra correctamente o incluso de terminarla apresuradamente.
La administración Chinchilla Miranda se valió de la heroica gesta de 1856 y de Juan Rafael Mora Porras para ocultar la ingenuidad con que se aproximó a Nicaragua en sus primeros contactos bilaterales, para luego mancillar el renombre de ambos al legar una trocha encharralada.
Según constató el Presidente Luis Guillermo Solís Rivera tras visitar la obra “el estado en que se encuentran muchos pedazos de la trocha, con dos años más sin atención verdadera, destruye lo que se hizo.”
La reciente gira del Presidente a la frontera norte, además de oportuna y correcta por el simbolismo y compromiso que conlleva, augura una acción gubernamental más concertada para respetar la memoria de 1856 y de Mora Porras y terminar la trocha.
Si bien la administración Chinchilla Miranda nunca encontró su norte, legando una república incompleta con una frontera norte en limbo entre muchas otras obras y promesas sin cumplir, la administración Solís Rivera tiene ahora la oportunidad y responsabilidad histórica de restaurar la integridad territorial de Costa Rica.
Con base en las primeras acciones y declaraciones del Presidente en lo que concierne a nuestras relaciones con nuestro vecino más incómodo, el nuevo gobierno parece tener el norte claro.

Bruno Stagno Ugarte