Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 31 Agosto, 2012


El libro y su feria


Siendo Ministro de Cultura propuse a los dirigentes de la Cámara de Libro renovar la tradición de hacer una feria del libro, pero dándole un carácter más amplio geográfica y culturalmente. Propuse que fuera centroamericana, con el fin de estrechar lazos con los hermanos de la región y ampliar el mercado editorial.
Si se quiere tener una mayor difusión del libro y acrecentar la producción editorial, hay que luchar para que libros y autores se den a conocer abundante y aceleradamente en toda la región y se posibilite un mayor intercambio entre autores. La idea fue bien acogida, tanto aquí como en la región.
La feria habitualmente se ha realizado en las bellas instalaciones de la Aduana; cuando se hizo en Belén no resultó por quedar fuera de San José. La costumbre es dedicarla a un país, como es ya norma en eventos de esta naturaleza en otras latitudes. Esta vez se tuvo la feliz idea de dedicarla más que a una nación particular, a una región, tanto geográfica como cultural: El Caribe y su cultura. Felicito a quienes tuvieron esa excelente iniciativa y la han cristalizado tan exitosamente.
Se ha reparado parcialmente una injusticia, porque el Caribe es el gran olvidado de Costa Rica. Sin embargo ha sido una región fecunda; ha inspirado a grandes escritores como Joaquín Gutiérrez, Abel Pacheco, Quince Duncan, Eulalia Bernard, Ana Cristina Rossi y tantos otros. Esta creatividad se extiende a la música, al baile y a la plástica.
Pero dichosamente los organizadores de esta versión de la feria del libro se han propuesto ir más lejos y han abarcado toda la región del Caribe. Han tenido la excelente idea de invitar al premio Nobel de Literatura 1992 originario de Santa Lucía, Derek Walcott, como homenajeado. Y, para hacer más novedoso el acontecimiento, el Ministerio de Cultura se asoció con la Universidad de Costa Rica para que esta le otorgara al poeta homenajeado un doctorado honoris causa y su Orquesta Sinfónica le dedicara un concurrido concierto en el Teatro Nacional, que incluía una obra de un compositor nacional profesor de dicha universidad.
Todo resultó un éxito; por lo que se podría enriquecerlo con nuevas iniciativas en los próximos años.

Estuve en la feria con mi familia el domingo por la tarde. Fue una bella ocasión para ver novedades editoriales y encontrarnos con amigos y antiguos alumnos. Pero, sobre todo, fue una espléndida ocasión para entregarnos sin reservas a la orgiástica experiencia de ver y acariciar ese incomparable amigo que es el libro. A la verdad, uno se siente como un niño en una tienda de juguetes en vísperas de Navidad. Salimos con varias bolsas, aunque tan solo vimos la mitad de los puestos que innumerables librerías tienen instalados allí. Por lo que se nos hace imperioso volver. Nos alegró mucho que hubiera multitudes.
Esperamos que así haya seguido en estos días y, especialmente, que así suceda en el próximo fin de semana en que las familias disfrutan de más tiempo libre. La cultura se lo merece. Y uno de sus principales agentes, el libro, también.

Arnoldo Mora