Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 24 Agosto, 2009


El juego de las sillas


¿Recuerdan el juego de las sillas? Consiste en dar vuelta alrededor de varias sillas dispuestas en círculo mientras la música suena. Cuando esta cesa, todos deben sentarse; siempre hay una silla menos que la cantidad de participantes; el que no se apropia de una, es eliminado.
A pesar de ser un juego para los más pequeños, muchos adultos lo practican. Eso sí, con reglas muy complicadas y una multiplicidad de variables.
En febrero de 2006 el Partido Liberación Nacional no obtuvo la mayoría que esperaba en la Asamblea Legislativa: algunos candidatos “seguros” se quedaron sin su silla-curul. Uno de ellos fue el noveno de la lista, don Víctor Láscarez.
El Gobierno tenía la obligación —supongo— de buscarle otra silla y le encontró una en Managua. Como cónsul de nuestro país en Nicaragua, don Víctor recibió múltiples quejas por no atender con eficiencia la alta demanda de trámites; dos veces fue reprendido por cobrar visas cuando —ante la carencia de timbres fiscales— el Gobierno ordenó no hacerlo y fue investigado por la Cancillería por haber participado —supuestamente— en el ingreso a Costa Rica de un ciudadano jordano y otro libanés.


Ante tantas incomodidades hubo que quitarle la silla consular al señor Láscarez en marzo del año pasado. Sin silla, don Víctor quedó a la espera de una nueva. Cuando doña María de los Angeles Antillón —como la llama el diputado Quirós—, pasó a ser ministra de Comunicación y Enlace, la diputada debía irse para Sevilla-Zapote y perder su silla-curul; o más bien cedérsela al que esperaba en la fila: el depuesto cónsul.
Hubo que recurrir a vericuetos de lo más absurdos para que doña Mayi mantuviera las dos sillas y así no cedérsela al funcionario cuestionado: la señora se sentaría en la silla ministerial hasta que el Gobierno necesitara 29 ó 38 sillas del Poder Legislativo, en ese momento el Presidente le ofrecería a su vocera sentarse un ratito en la silla-curul.
Hoy en Cuesta de Moras una diputada quiere la silla principal de la Defensoría de los Habitantes. Seguro que el día de la votación la Ministra de Comunicación pedirá ser removida —o levantada de la silla— por unas horas para sentarse en su curul y apoyar a la señora Taitelbaum. ¿Y si doña Ofelia gana y asume el puesto de ombudswoman? Recordemos que el señor Láscarez continúa teniendo en su mano el número nueve y el derecho a ocupar la próxima silla vacía del PLN en la Asamblea. A pocos meses de las próximas elecciones no es conveniente que los cuestionamientos a don Víctor vuelvan a la palestra. ¿Qué nueva regla absurda propondrá el Gobierno?
Mi hermano tiene una solución —o nueva regla— para este caso del juego de las sillas: que la señora Taitelbaum pida un permiso sin goce de salario como defensora de los habitantes hasta el 8 de mayo y mantenga su silla-curul. Y que don Víctor permanezca en el sillón de su sala.
No es descabellado: aunque no es lo mismo es igual al permiso que don Eugenio Trejos está pidiendo ante el Instituto Tecnológico mientras participa como candidato presidencial. Es decir tener dos sillas e ir alternándolas.
En el juego infantil de las sillas todos los participantes menos uno están sentados en una de ellas al finalizar la música. En el juego político de las sillas todos quieren sentarse en dos de ellas mientras termina la música del Gobierno; o por lo menos no soltar una hasta asegurarse la segunda.

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