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Sería conveniente analizar nuestra realidad tomando en cuenta las características e historia de cada país del istmo, para recordar, al compararnos con ellos, lo que se debe resolver, cómo, para qué y en cuánto tiempo puede eso realizarse


El istmo: países con historias diferentes

El tema del empleo, una de las principales preocupaciones actuales junto al déficit fiscal, se abordó una vez más en este medio ayer, bajo el título “Panamá y Guatemala superan a Costa Rica en empleo”.
Esto, que es una realidad, habrá que analizarla tomando en cuenta las características e historia de cada país del istmo, para recordar lo que se debe resolver, cómo y para qué y en cuánto tiempo puede eso realizarse.
En el caso de Guatemala, una de sus ventajas que es su mayor cercanía con Estados Unidos y México, sería cuestión de superarlo por mucho en otros aspectos para vencer esa favorable posición geográfica.
En cuanto a su mano de obra más barata no es algo a lo que los costarricenses estén acostumbrados, habiendo tenido por mucho tiempo una sólida clase media – media y una clase baja favorecida por el conjunto de las garantías sociales del país que incluyeron educación, salud y salario digno.
La mejor infraestructura y menor burocracia con que nos aventaja Panamá, son dos viejos problemas que Costa Rica viene arrastrando gobierno tras gobierno.
Para lo primero ya hay proyectos en marcha o a punto de marchar que ojalá no se entraben y podamos mejorar al menos la red vial y los puertos.
Combatir la lentitud de la burocracia es mucho más difícil porque es un problema estructural alimentado por décadas en que las administraciones ignoraron la necesidad de hacer eficientes las instituciones del gobierno y del Estado en general, aun cuando aplicaron políticas que tuvieron que ver con reforma del Estado.
El inicio de diferencias y visiones distintas a lo interno de los partidos políticos (a veces en el poder) produjeron un rápido y desordenado crecimiento del aparato estatal, reduciendo la productividad en los servicios públicos en vez de hacerlos más eficientes.
Costa Rica se estancó en asuntos como el exceso de lentos trámites y en infraestructura.
Se impulsó con éxito el modelo de exportaciones, pero a la par no se desarrollaron otros planes necesarios para que también creciera la producción interna y los servicios públicos favorecieran a ambos.
Ahora el gobierno enfrenta ese enorme desorden heredado y debería encontrar fórmulas mixtas para que los costarricenses sigan disfrutando de lo que durante décadas los convirtió en un pueblo sano, educado y con empleo digno, a la vez que continuar las políticas exitosas de los últimos tiempos que impulsaron la llegada de inversión extranjera directa, capaz de hacer crecer la economía y generar fuentes de trabajo.
 

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