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Miércoles 27 Octubre, 2010

¡El infierno se congela!
(fábula diabólica de la literatura criolla)

La frase proveniente de alguna cumbre del Olimpo retumbó en cada uno de los rincones del mismísimo infierno. Las norias de tortura se detuvieron, diablos y diablillos pararon de atizar la leña en los calderos…
Un silencio sepulcral se apoderó de todo el lugar: ni un quejido, ni un sollozo… hasta la risa burlesca del duendecillo enano que punzaba con agujas al gordo glotón, cambió de pronto por una expresión de susto, de zozobra, de expectación.
¡Primero se congela el infierno, antes de que encuentren algo en la concesión de esa carretera!
Las puertas del Palacio de Hades se abrieron al unísono. Un ejército de demonios de la noche comandados por la misma Lilith, salen despavoridos a la superficie. Hay trabajo por hacer. Se necesitan más demonios abajo y la experiencia de Lilith matando recién nacidos y engendrando aberraciones es importante. ¡El infierno entró en alerta!
Incubos y súcubos corren sin control por entre las largas filas de pailas encendidas. Sus miradas lujuriosas, lascivas, tienen ahora en la mira otra versión de los dormitorios: ¡El frío se acerca, busquen mantas y cobijas, pues hay que enchaquetar al diablo!
La noticia ha llegado hasta al mismo Caronte, quien ha decidido dejar momentáneamente su trabajo en el Río de la Muerte. Sabe que corre un gran riesgo si el lugar se congela… las almas podrán atravesar a pie por el agua ya congelada del Pantano del Aqueronte y no podrá cobrar por cada alma en pena.
Su trabajo ahí se tambalea. ¡Hasta un nuevo muelle tenía pensado construir con ruta directa a Costa Rica, pues el negocio había prosperado en los últimos años! ¡Aaaah! ¡Tan buena cosecha de almas condenadas que había últimamente!
Cerbero, siempre fiel vigía del Tártaro, salió por su cuenta a olfatear el suelo, en busca de intrusos. Con sus tres cabezas sus tres narices está seguro que nadie entrará a apagar las llamas que por milenios han estado encendidas. Pero la profecía es seria, y en este caso puede ocurrir.
Poco le ha importado al vigilante dejar abiertas las puertas a Hecatónquiros y titanes. ¿Qué más da? Si todo se congela no habrá más que cuidar.
Por último, una figura corpulenta se asoma entre las tinieblas. La silueta dibuja dos protuberancias puntiagudas que salen de su frente… sus pasos que se escuchan como cascos, se intercalan con el sonido de una cola que se arrastra lentamente. Llega al centro del vestíbulo, ante la mirada impávida de clientes y ayudantes, de un soplo infla sus pulmones y exhala preocupado:
Señores, nos llegó el momento... ¡Pónganse a rezar!-

Luis Valverde
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